

LA VUELTA DE MARTIN FIERRO



            I

Atencin pido al silencio
y silencio a la atencin,
que voy en esta ocasin,
si me ayuda la memoria,
a mostrarles que a mi historia
le faltaba lo mejor.

Viene uno como dormido
cuando vuelve del desierto;
ver si a esplicarme acierto
entre gente tan bizarra,
y si al sentir la guitarra
de mi sueo me dispierto.

Siento que mi pecho tiembla
que se turba mi razn,
y de la vigela al son
imploro a la alma de un sabio,
que venga a mover mi labio
y alentar mi corazn.

Si no llego a treinta y una,
de fijo en treinta me planto,
y esta confianza adelanto
porque receb en m mismo,
con el agua del bautismo
la facult para el canto.

Tanto el pobre como el rico
la razn me la han de dar;
y si llegan a escuchar
lo que esplicar a mi modo,
digo que no han de rer todos,
algunos han de llorar.

Mucho tiene que contar
el que tuvo que sufrir,
y empezar por pedir
no duden de cuanto digo,
pues debe crerse al testigo
si no pagan por mentir.

Gracias le doy a la Virgen,
gracias le doy al Seor
porque entre tanto rigor
y habiendo perdido tanto,
no perd mi amor al canto
ni mi voz como cantor.

Que cante todo viviente
otorg el Eterno Padre;
cante todo el que le cuadre
como lo hacemos los dos,
pues slo no tiene voz
el ser que no tiene sangre.


Canta el pueblero... y es pueta;
canta el gaucho... y ay Jess!
Io miran como avestruz,
su inorancia los asombra;
mas siempre sirven las sombras
para distinguir la luz.

El campo es del inorante;
el pueblo del hombre estruido;
yo que en el campo he nacido,
digo que mis cantos son
para los unos....sonidos,
y para otros... intencin.

Yo he conocido cantores
que era un gusto el escuchar,
mas no quieren opinar
y se divierten cantando;
pero yo canto opinando,
que es mi modo de cantar.

El que va por esta senda
cuanto sabe desembucha,
y aunque mi cencia no es mucha,
esto en mi favor previene;
yo s el corazn que tiene
el que con gusto me escucha.

Lo que pinta este pincel
ni el tiempo lo ha de borrar;
ninguno se ha de animar
a corregirme la plana;
no pinta quien tiene gana
sino quien sabe pintar.

Y no piensen los oyentes
que del saber hago alarde;
he conocido, aunque tarde,
sin haberme arrepentido,
que es pecado cometido
el decir ciertas verdades.

Pero voy en mi camino
y nada me ladiar,
he de decir la verd,
de naides soy aduln;
aqu no hay imitacin,
sta es pura realid.

Y el que me quiera enmendar
mucho tiene que saber;
tiene mucho que aprender
el que me sepa escuchar;
tiene mucho que rumiar
el que me quiera entender.


Ms que yo y cuantos me oigan,
ms que las cosas que tratan,
ms que lo que ellos relatan,
mis cantos han de durar:
mucho ha habido que mascar
para echar esta bravata.

Brotan quejas de mi pecho,
brota un lamento sentido;
y es tanto lo que he sufrido
y males de tal tamao,
que reto a todos los aos
a que traigan el olvido.

Ya vern si me dispierto
cmo se compone el baile;
y no se sorprenda naides
si mayor fuego me anima;
porque quiero alzar la prima
como pa tocar al aire.

Y con la cuerda tirante,
dende que ese tono elija,
yo no he de aflojar manija
mientras que la voz no pierda,
si no se corta la cuerda
o no cede la clavija.

Aunque romp el estrumento
por no volverme a tentar,
tengo tanto que contar
y cosas de tal calibre,
que Dios quiera que se libre
el que me ense a templar.

De naides sigo el ejemplo,
naide a dirigirme viene,
yo digo cuanto conviene
y el que en tal geya se planta,
debe cantar, cuando canta,
con toda la voz que tiene.

He visto rodar la bola
y no se quiere parar;
al fin de tanto rodar
me he decidido a venir
a ver si puedo vivir
y me dejan trabajar.

S dirigir la mansera
y tambin echar un pial;
s correr en un rodeo,
trabajar en un corral;
me s sentar en un prtigo
lo mesmo que en un bagual.
Y empristenm su atencin
si ans me quieren honrar,
de no, tendr que callar,
pues el pjaro cantor
jams se para a cantar
en rbol que no da flor.

Hay trapitos que golpiar,
y de aqu no me levanto.
Escchenme cuando canto
si quieren que desembuche:
tengo que decirles tanto
que les mando que me escuchen.

Djenm tomar un trago,
stas son otras cuarenta:
mi garganta est sedienta,
y de esto no me abochorno,
pues el viejo, como el horno,
por la boca se calienta.

          II

Triste suena mi guitarra
y el asunto lo requiere;
ninguno alegras espere
sin sentidos lamentos,
de aqul que en duros tormentos
nace, crece, vive y muere.

Es triste dejar sus pagos
y largarse a tierra agena
llevndos la alma llena
de tormentos y dolores,
mas nos llevan los rigores
como el pampero a la arena.

Irse a cruzar el desierto
lo mesmo que un forajido,
dejando aqu en el olvido,
como dejamos nosotras,
su mujer en brazos de otro
y sus hijitos perdidos!

Cuntas veces al cruzar
en esa inmensa llanura,
al verse en tal desventura
y tan lejos de los suyos,
se tira uno entre los yuyos
a llorar con amargura!

En la orilla de un arroyo
solitario lo pasaba;
en mil cosas cavilaba
y, a una gelta repentina,
se me haca ver a mi china
o escuchar que me llamaba.


Y las aguas serenitas
bebe el pingo, trago a trago,
mientras sin ningn halago
pasa uno hasta sin comer
por pensar en su mujer,
en sus hijos y en su pago.

Recordarn que con Cruz
para el desierto tiramos;
en la pampa nos entramos,
cayendo por fin del viaje
a unos toldos de salvajes,
los primeros que encontramos.

La desgracia nos segua,
llegamos en mal momento:
estaban en parlamento
tratando de una invasin,
y el indio en tal ocasin
recela hasta de su aliento.

Se arm un tremendo alboroto
cuando nos vieron llegar;
no podamos aplacar
tan peligroso hervidero;
nos tomaron por bomberos
y nos quisieron lanciar.

Nos quitaron los caballos
a los muy pocos minutos;
estaban irresolutos,
quin sabe qu pretendan;
por los ojos nos metan
las lanzas aquellos brutos.

Y dle en su lengeteo
hacer gestos y cabriolas;
uno desat las bolas
y se nos vino en seguida:
ya no criamos con vida
salvar ni por carambola.

All no hay misericordia
ni esperanza que tener;
el indio es de parecer
que siempre matarse debe,
pues la sangre que no bebe
Ie gusta verla correr.

Cruz se dispuso a morir
peliando y me convid;
aguantemos, dije yo,
el fuego hasta que nos queme:
menos los peligros teme
quien ms veces los venci.


Se debe ser ms prudente
cuanto el peligro es mayor;
siempre se salva mejor
andando con alvertencia,
porque no est la prudencia
reida con el valor.

Vino al fin el lenguaraz
como a trirnos el perdn;
nos dijo: "La salvacin
"se la deben a un cacique,
"me manda que les esplique
"que se trata de un maln.

"Les ha dicho a los dems
"que ustedes queden cautivos
"por si cain algunos vivos
"en poder de los cristianos,
"rescatar a sus hermanos
"con estos dos fugitivos."

Volvieron al parlamento
a tratar de sus alianzas,
o tal vez de las matanzas;
y conforme les detallo,
hicieron cerco a caballo
recostndos en las lanzas.

Dentra al centro un indio viejo
y all a lengetiar se larga;
quin sabe qu les encarga;
pero toda la riunin
lo escuch con atencin
lo menos tres horas largas.

Peg al fin tres alaridos,
y ya principia otra danza;
para mostrar su pujanza
y dar pruebas de jinete
dio riendas rayando el flete
y revoliando la lanza.

Recorre luego la fila,
frente a cada indio se para,
lo amenaza cara a cara,
y en su juria aquel maldito
acompaa con su grito
el cimbrar de la tacuara.

Se vuelve aqullo un incendio
ms feo que la mesma guerra;
entre una nube de tierra
se hizo all una mescolanza
de potros, indios y lanzas,
con alaridos que aterran.


Parece un baile de fieras,
sign yo me lo imagino:
era inmenso el remolino,
las voces aterradoras,
hasta que al fin de dos horas
se aplac aquel torbellino.

De noche formaban cerco
y en el centro nos ponan;
para mostrar que queran
quitarnos toda esperanza,
ocho o diez filas de lanzas
al rededor nos hacan.

All estaban vigilantes
cuidndons a porfa;
cuando roncar parecan
"Huinc", gritaba cualquiera,
y toda la fila entera
"Huinc", "Huinc", repeta.

Pero el indio es dormiln
y tiene un sueo projundo;
es roncador sin segundo
y en tal confianza es su vida,
que ronca a pata tendida
aunque se d gelta el mundo.

Nos aviriguaban todo
como aqul que se previene,
porque siempre les conviene
saber las juerzas que andan,
dnde estn, quines las mandan,
qu caballos y armas tienen.

A cada respuesta nuestra
uno hace una esclamacin,
y luego, en continuacin,
aquellos indios feroces,
cientos y cientos de voces
repiten al mesmo son.

Y aquella voz de uno solo,
que empieza por un gruido,
llega hasta ser alarido
de toda la muchedumbre,
y ans alquieren la costumbre
de pegar esos bramidos.

          III

De ese modo nos hallamos
empeaos en la partida:
no hay que darla por perdida
por dura que sea la suerte,
ni que pensar en la muerte
sin en soportar la vida.


Se endurece el corazn,
no teme peligro alguno;
por encontrarlo oportuno
all juramos los dos
respetar tan slo a Dlos;
de Dios abajo a ninguno.

El mal es rbol que crece
y que cortado retoa;
la gente esperta o bisoa
sufre de infinitos modos:
la tierra es madre de todos,
pero tambin da ponzoa.

Mas todo varn prudente
sufre tranquilo sus males;
yo siempre los hallo iguales
en cualquier senda que elijo:
la desgracia tiene hijos
aunque ella no tiene madre.

Y al que le toca la herencia,
donde quiera halla su ruina:
lo que la suerte destina
Io puede el hombre evitar:
porque el cardo ha de pinchar
es que nace con espina.

Es el destino del pobre
un continuo safarrancho,
y pasa como el carancho,
porque el mal nunca se sacia
si el viento de la desgracia
vuela las pajas del rancho.

Mas quien manda los pesares
manda tambin el consuelo;
la luz que baja del cielo
alumbra al ms encumbrao,
y hasta el pelo ms delgao
hace su sombra en el suelo.

Pero por ms que uno sufra
un rigor que lo atormente,
no debe bajar la frente
nunca, por ningn motivo:
el lamo es ms altivo
y gime constantemente.

El indio pasa la vida
robando o echao de panza;
la nica ley es la lanza
a que se ha de someter,
lo que le falta en saber
lo suple con desconfianza.


Fuera cosa de engarzarlo
a un indio caritativo;
es duro con el cautivo,
le dan un trato horroroso,
es astuto y receloso,
es audaz y vengativo.

No hay que pedirle favor
ni que aguardar tolerancia;
movidos por su inorancia
y de puro desconfiaos,
nos pusieron separaos
bajo sutil vigilancia.

No pude tener con Cruz
ninguna conversacin;
no nos daban ocasin,
nos trataban como agenos:
como dos aos lo menos
dur esta separacin.

Relatar nuestras penurias
fuera alargar el asunto;
les dir sobre este punto
que a los dos aos recin
nos hizo el cacique el bien
de dejarnos vivir juntos.

Nos retiramos con Cruz
a la orilla de un pajal;
por no pasarlo tan mal
en el desierto infinito,
hicimos como un bendito
con dos cueros de bagual.

Fuimos a esconder all
nuestra pobre sutuacin,
aliviando con la unin
aquel duro cautiverio;
tristes como un cementerio
al toque de la oracin.

Debe el hombre ser valiente
si a rodar se determina,
primero, cuando camina;
segundo, cuando descansa,
pues en aquellas andanzas
perece el que se acoquina.

Cuando es manso el ternerito
en cualquier vaca se priende;
el que es gaucho esto lo entiende
y ha de entender si le digo,
que andbamos con mi amigo
como pan que no se vende.


Guarecidos en el toldo
charlbamos mano a mano;
ramos dos veteranos
mansos pa las sabandijas,
arrumbaos como cubijas
cuando calienta el verano.

El alimento no abunda
por ms empeo que se haga;
lo pasa uno como plaga,
ejercitando la industria
y siempre, como la nutria,
viviendo a orillas del agua.

En semejante ejercicio
se hace diestro el cazador,
cai el piche engordador,
cai el pjaro que trina;
todo bicho que camina
va a parar al asador.

Pues all a los cuatro vientos
la persecucin se lleva;
naide escapa de la leva,
y dende que la alba asoma
ya recorre uno la loma,
el bajo, el nido y la cueva.

El que vive de la caza
a cualquier bicho se atreve
que pluma o cascara lleve,
pues cuando la hambre se siente
el hombre le clava el diente
a todo lo que se mueve.

En las sagradas alturas
est el mestro principal,
que ensea a cada animal
a procurarse el sustento
y le brinda el alimento
a todo ser racional.

Y aves, y bichos y pejes,
le mantienen de mil modos;
pero el hombre en su acomodo,
es curioso de oservar:
es el que sabe llorar
y es el que los come a todos.


          IV

Antes de aclarar el da
empieza el indio a aturdir
la pampa con su rugir,
y en alguna madrugada,
sin que sintiramos nada
se largaban a invadir.


Primero entierran las prendas
en cuevas, como peludos;
y aquellos indios cerdudos,
siempre llenos de recelos,
en los caballos en pelos
se vienen medio desnudos.

Para pegar el maln
el mejor flete procuran;
y como es su arma segura,
vienen con la lanza sola,
y varios pares de bolas
atados a la cintura.

De ese modo anda liviano,
no fatiga el mancarrn;
es su espuela en el maln,
despus de bien afilao,
un cuernito de venao
que se amarra en el garrn.

El indio que tiene un pingo
que se llega a distinguir,
lo cuida hasta pa dormir;
de ese cuidao es esclavo:
se lo alquila a otro indio bravo
cuando vienen a invadir.

Por vigilarlo no come
y ni aun el sueo concilia;
slo en eso no hay desidia;
de noche, les asiguro,
para tenerlo seguro
le hace cerco la familia.

Por eso habrn visto ustedes,
si en el caso se han hallao,
y si no lo han oservao
tnganl dende hoy presente,
que todo pampa valiente
anda siempre bien montao.

Marcha el indio a trote largo,
paso que rinde y que dura;
viene en direcin sigura
y jams a su capricho:
no se les escapa bicho
en la noche ms escura.

Caminan entre tinieblas
con un cerco bien formao;
lo estrechan con gran cuidao
y agarran, al aclarar,
anduces, gamas, venaos,
cuanto ha podido dentrar.


Su seal es un humito
que se eleva muy arriba,
y no hay quien no lo aperciba
con esa vista que tienen;
de todas partes se vienen
a engrosar la comitiva.

Ansina se van juntando,
hasta hacer esas riuniones
que cain en las invasiones
en nmero tan crecido;
para formarla han salido
de los ltimos rincones.

Es guerra cruel la del indio
porque viene como fiera;
atropella donde quiera
y de asolar no se cansa;
de su pingo y de su lanza
toda salvacin espera.

Debe atarse bien la faja
quien aguardarlo se atreva;
siempre mala intencin lleva,
y como tiene alma grande,
no hay plegaria que lo ablande
ni dolor que lo conmueva.

Odia de muerte al cristiano,
hace guerra sin cuartel;
para matar es sin yel,
es fiero de condicin;
no glpea la compasin
en el pecho del infiel.

Tiene la vista del guila.
del len la temerid;
en el desierto no habr
animal que l no lo entienda,
ni fiera de que no aprienda
un istinto de crueld.

Es tenaz en su barbarie,
no esperen verlo cambiar;
el deseo de mejorar
en su rudeza no cabe:
el brbaro slo sabe
emborracharse y peliar.

El indio nunca se re,
y el pretenderlo es en vano,
ni cuando festeja ufano
el triunfo en sus correras;
la risa en sus alegras
le pertenece al cristiano.


Se cruzan por el desierto
como un animal feroz,
dan cada alarido atroz
que hace erizar los cabellos;
parece que a todos ellos
los ha maldecido Dios.

Todo el peso del trabajo
lo dejan a las mujeres:
el indio es indio y no quiere
apiar de su condicin;
ha nacido indio ladrn
y como indio ladrn muere.

El que envenenen sus armas
les mandan sus hechiceras;
y como ni a Dios veneran,
nada a las pampas contiene;
hasta los nombres que tienen
son de animales y fieras.

Y son, por Cristo bendito!
lo ms desasiaos del mundo;
esos indios vagabundos,
con repunancia me acuerdo,
viven lo mesmo que el cerdo
en esos toldos inmundos.

Naides puede imaginar
una miseria mayor;
su pobreza causa horror;
no sabe aquel indio bruto
que la tierra no da fruto
si no la riega el sudor.

          V

Aquel desierto se agita
cuando la invasin regresa;
llevan miles de cabezas
de vacuno y yeguarizo:
pa no aflijirse es preciso
tener bastante firmeza.

Aqullo es un hervidero
de pampas, un celemn;
cuando riunen el botn
juntando toda la hacienda,
es cantid tan tremenda
que no alcanza a verse el fin.

Vuelven las chinas cargadas
con las prendas en montn;
aflije esa destrucin;
acomodaos en cargueros
llevan negocios enteros
que han saquiado en la invasin.


Su pretensin es robar.
no quedar en el pantano;
viene a tierra de cristianos
como furia del infierno;
no se llevan al gobierno
porque no lo hallan a mano.

Vuelven locos de contentos
cuando han venido a la fija;
antes que ninguno elija
empiezan con todo empeo,
como dijo un santiagueo,
a hacerse la repartija.

Se reparten el botn
con iguald, sin malicia;
no muestra el indio codicia,
ninguna falta comete;
slo en esto se somete
a una regla de justicia.

Y cada cual con lo suyo
a sus toldos enderiesa;
luego la matanza empieza
tan sin razn ni motivo,
que no queda animal vivo
de esos miles de cabezas.

Y satisfecho el salvaje
de que su oficio ha cumplido,
lo pasa por hi tendido
volviendo a su haraganiar,
y entra la china a cueriar
con un afn desmedido.

A veces a tierra adentro
algunas puntas se llevan;
pero hay pocos que se atrevan
a hacer esas incursiones,
porque otros indios ladrones
les suelen pelar la breva.

Pero pienso que los pampas
deben de ser los ms rudos;
aunque andan medio desnudos
ni su convenencia entienden;
por una vaca que venden
quinientas matan al udo.

Estas cosas y otras piores
las he visto muchos aos;
pero, si yo no me engao,
concluy ese bandalaje,
y esos brbaros salvajes,
no podrn hacer ms dao.


Las tribus estn desechas:
los caciques ms altivos
estn muertos o cautivos,
privaos de toda esperanza,
y de la chusma y de lanza
ya muy pocos quedan vivos.

Son salvajes por completo
hasta pa su diversin,
pues hacen una juncin
que naides se la imagina;
recin le toca a la china
el hacer su papeln.

Cuanto el hombre es ms salvaje
trata pior a la mujer;
yo no s que pueda haber
sin ella dicha ni goce:
feliz el que la conoce
y logra hacerse querer!

Todo el que entiende la vida
busca a su lao los placeres;
justo es que las considere
el hombre de corazn;
slo los cobardes son
valientes con sus mujeres.

Pa servir a un desgraciao
pronta la mujer est;
cuando en su camino va
no hay peligro que la asuste;
ni hay una a quien no le guste
una obra de carid.

No se hallar una mujer
a la que esto no le cuadre;
yo alabo al Eterno Padre,
no porque las hizo bellas,
sino porque a todas ellas
les dio corazn de madre.

Es piadosa y diligente
y sufrida en los trabajos:
tal vez su valer rebajo
aunque la estimo bastante;
mas los indios inorantes
la tratan al estropajo.

Echan la alma trabajando
bajo el ms duro rigor;
el marido es su seor;
como tirano la manda
porque el indio no se ablanda
ni siquiera en el amor.


No tiene cario a naides
ni sabe lo que es amar;
ni qu se puede esperar
de aquellos pechos de bronce!
yo los conoc al llegar
y los cal dende entonces.

Mientras tiene qu comer
permanece sosegao;
yo, que en sus toldos he estao
y sus costumbres oservo,
digo que es como aquel cuervo
que no volvi del mandao.

Es para l como juguete
escupir un crucifijo;
pienso que Dios los maldijo
y ansina el udo desato;
el indio, el cerdo y el gato,
redaman sangre del hijo.

Mas ya con cuentos de pampas
no ocupar su atencin;
debo pedirles perdn,
pues sin querer me distraje,
por hablar de los salvajes
me olvid de la juncin.

Hacen un cerco de lanzas,
los indios quedan ajuera;
dentra la china ligera
como yeguada en la trilla,
y empieza all la cuadrilla
a dar geltas en la era.

A un lao estn los caciques,
capitanejos y el trompa
tocando con toda pompa
como un toque de fajina;
adentro muere la china,
sin que aquel crculo rompa.

Muchas veces se les oyen
a las pobres los quejidos,
mas son lamentos perdidos;
al rededor del cercao,
en el suelo, estn mamaos
los indios, dando alaridos.

Su canto es una palabra
y de hi no salen jams;
llevan todas el comps,
iok-iok repitiendo;
me parece estarlas viendo
ms fieras que Satans.


Al trote dentro del cerco,
sudando, hambrientas, juriosas,
desgreadas y rotosas,
de sol a sol se lo llevan:
bailan, aunque truene o llueva,
cantando la mesma cosa.

          VI

El tiempo sigue en su giro
y nosotros solitarios;
de los indios sanguinarios
no tenamos qu esperar;
el que nos salv al llegar
era el ms hospitalario.

Mostr noble corazn,
cristiano anhelaba ser;
la justicia es un deber
y sus mritos no callo;
nos regal unos caballos
y a veces nos vino a ver.

A la volunt de Dios
ni con la intencin resisto,
l nos salv... pero, ah Cristo!
muchas veces he deseado
no nos hubiera salvado
ni jams haberlo visto.

Quien recibe beneficios
jams los debe olvidar;
y al que tiene que rodar
en su vida trabajosa
le pasan a veces cosas
que son duras de pelar.

Voy dentrando poco a poco
en lo triste del pasaje;
cuando es amargo el brebaje
el corazn no se alegra;
dentr una virgela negra
que los diezm a los salvajes.

Al sentir tal mortand
los indios desesperaos
gritaban alborotaos:
"Cristiano echando gualicho"
no qued en los toldos bicho
que no sali redotao.

Sus remedios son secretos;
los tienen las adivinas;
no los conocen las chinas
sino alguna ya muy vieja,
y es la que los aconseja,
con mil embustes, la indina.


All soporta el paciente
las terribles curaciones
pues a golpes y estrujones
son los remedios aqullos;
lo agarran de los cabellos
y le arrancan los mechones.

Les hacen mil herejas
que el presenciarlas da horror;
brama el indio de dolor
por los tormentos que pasa,
y untndol todo en grasa
lo ponen a hervir al sol.

Y puesto all boca arriba,
al rededor le hacen fuego;
una china viene luego
y al ido le da de gritos;
hay algunos tan malditos
que sanan con este juego.

A otros les cuecen la boca
aunque de dolores cruja;
lo agarran y all lo estrujan,
labios le queman y dientes
con un gevo bien caliente
de alguna gallina bruja.

Conoce el indio el peligro
y pierde toda esperanza;
si a escaprseles alcanza
dispara como una liebre;
le da delirios la fiebre
y ya le cain con la lanza.

Esas fiebres son terribles,
y aunque de esto no disputo
ni de saber me reputo,
ser decamos nosotros,
de tanta carne de potro
como comen estos brutos.

Haba un gringuito cautivo
que siempre hablaba del barco
y lo augaron en un charco
por causante de la peste;
tena los ojos celestes
como potrillito zarco.

Que le dieran esa muerte
dispuso una china vieja;
y aunque se aflije y se queja,
es intil que resista:
pona el infeliz la vista
como la pone la oveja.


Nosotros nos alejamos
para no ver tanto estrago;
Cruz senta los amagos
de la peste que reinaba,
y la idea nos acosaba
de volver a nuestros pagos.

Pero contra el plan mejor
el destino se revela:
la sangre se me congela!
el que nos haba salvado,
cay tambin atacado
de la fiebre y la virgela.

No podamos dudar
al verlo en tal padecer
el fin que haba de tener
y Cruz, que era tan humano,
"vamos me dijo, paisano,
"a cumplir con un deber".

Fuimos a estar a su lado
para ayudarlo a curar;
lo vinieron a buscar
y hacerle como a los otros;
lo defendimos nosotros,
no lo dejamos lanciar.

Iba creciendo la plaga
y la mortand segua;
a su lado nos tena
cuidndol con pacencia,
pero acab su esistencia
al fin de unos pocos das.

El recuerdo me atormenta,
se renueva mi pesar;
me dan ganas de llorar,
nada a mis penas igualo;
Cruz tambin cay muy malo
ya para no levantar.

Todos pueden flgurarse
cunto tuve que sufrir;
yo no haca sino gemir
y aumentaba mi aflicin
no saber una oracin
pa ayudarlo a bien morir.

Se le pasm la virgela
y el pobre estaba en un grito;
me recomend un hijito
que en su pago haba dejado.
"Ha quedado abandonado,
"me dijo, aquel pobrecito.


"Si vuelve, bsquemel,
"me repeta a media voz,
"en el mundo ramos dos,
"pues l ya no tiene madre:
"que sepa el fin de su padre
"y encomiende mi alma a Dios."

Lo apretaba contra el pecho
dominao por el dolor,
era su pena mayor
el morir all entre infieles;
sufriendo dolores crueles
entreg su alma al Criador.

De rodillas a su lado
yo lo encomend a Jess;
falt a mis ojos la luz,
tuve un terrible desmayo;
ci como herido del rayo
cuando lo vi muerto a Cruz.

         VII

Aquel bravo compaero
en mis brazos espir;
hombre que tanto sivi,
varn que fue tan prudente,
por humano y por valiente
en el desierto muri.

Y yo, con mis propias manos,
yo mesmo lo sepult;
a Dios por su alma rogu,
de dolor el pecho lleno,
y humedeci aquel terreno
el llanto que redam.

Cumpl con mi obligacin;
no hay falta de que me acuse,
ni deber de que me escuse,
aunque de dolor sucumba:
all seala su tumba
una cruz que yo le puse.

Andaba de toldo en toldo
y todo me fastidiaba;
el pesar me dominaba,
y entregao al sentimiento,
se me haca cada momento
ir a Cruz que me llamaba.

Cual ms, cual menos, los criollos
saben lo que es amargura;
en mi triste desventura
no encontraba otro consuelo
que ir a tirarme en el suelo
al lao de su sepoltura.


All pasaba las horas
sin saber naides conmigo
teniendo a Dios por testigo,
y mis pensamientos fijos
en mi mujer y mis hijos.
en mi pago y en mi amigo.

Privado de tantos bienes
y perdido en tierra ajena
parece que se encadena
el tiempo y que no pasara
como si el sol se parara
a contemplar tanta pena.

Sin saber qu hacer de m
y entregado a mi aflicin,
estando all una ocasin
del lado que vena el viento
o unos tristes lamentos
que llamaron mi atencin.

No son raros los quejidos
en los toldos del salvaje
pues aqul es vandalaje
donde no se arregla nada
sin a lanza y pualada,
a bolazos y a coraje.

No preciso juramento,
deben crerle a Martn Fierro:
ha visto en ese destierro
a un salvaje que se irrita,
degollar una chinita
y tirrsel a los perros.

He presenciado martirios,
he visto muchas crueldades.
crmenes y atrocidades
que el cristiano no imagina;
pues ni el indio ni la china
sabe lo que son piedades.

Quise curiosiar los llantos
que llegaban hasta m;
al punto me dirig
al lugar de ande venan.
Me horrorisa todava
el cuadro que descubr!

Era una infeliz mujer
que estaba de sangre llena,
y como una Madalena
lloraba con toda gana;
conoc que era cristiana
y sto me dio mayor pena.


Cauteloso me acerqu
a un indio que estaba al lao,
porque el pampa es desconfiao
siempre de todo cristiano,
y vi que tena en la mano
el rebenque ensangrentao.

         VIII

Mas tarde supe por ella,
de manera positiva,
que dentr una comitiva
de pampas a su partido,
mataron a su marido
y la llevaron cautiva.

En tan dura servidumbre
hacan dos aos que estaba;
un hijito que llevaba
a su lado lo tena;
la china la aborreca
tratndol como esclava.

Deseaba para escaparse
hacer una tentativa,
pues a la infeliz cautiva
naides la va a redimir,
y all tiene que sufrir
el tormento mientras viva.

Aquella china perversa,
dende el punto que lleg,
crueld y orgullo mostr
porque el indio era valiente;
usaba un collar de dientes
de cristianos que l mat.

La mandaba trabajar,
poniendo cerca a su hijito,
tiritando y dando gritos
por la maana temprano,
atado de pies y manos
lo mesmo que un corderito.

Ans le impona tarea
de juntar lea y sembrar
viendo a su hijito llorar;
y hasta que no terminaba,
la china no la dejaba
que le diera de mamar.

Cuando no tenan trabajo
la emprestaban a otra china.
"Naides, deca, se imagina
"ni es capaz de presumir
"cunto tiene que sufrir
la infeliz que est cautiva."


Si ven crecido a su hijito,
como de pied no entienden,
y a splicas nunca atienden,
cuando no es ste es el otro,
se lo quitan y lo venden
o lo cambian por un potro.

En la crianza de los suyos
son brbaros por dems;
no lo haba visto jams;
en una tabla los atan,
los cran ans, y les achatan
la cabeza por detrs.

Aunque esto parezca estrao,
ninguno lo ponga en duda:
entre aqulla gente ruda,
en su brbara torpeza,
es gala que la cabeza
se les forme puntiaguda.

Aquella china malvada
que tanto la aborreca,
empez a decir un da,
porque falleci una hermana,
que sin duda la cristiana
le haba echado brujera.

El indio la sac al campo
y la empez a amenazar;
que le haba de confesar
si la brujera era cierta;
o que la iba a castigar
hasta que quedara muerta.

Llora la pobre afligida,
pero el indio, en su rigor,
le arrebat con furor
al hijo de entre sus brazos,
y del primer rebencazo
la hizo crugir de dolor.

Que aquel salvaje tan cruel
azotndol segua;
ms y ms se enfureca
cuanto ms la castigaba,
y la infeliz se atajaba,
los golpes como poda.

Que le grit muy furioso:
"Confechando no quers"
la dio vuelta de un revs,
y por colmar su amargura,
a su tierna criatura
se la degoll a los pies.


"Es incrible, me deca,
que tanta fiereza esista;
no habr madre que resista;
aquel salvaje inclemente
cometi tranquilamente
aquel crimen a mi vista."

Esos horrores tremendos
no los inventa el cristiano:
"ese brbaro inhumano,
sollozando me lo dijo,
me amarr luego las manos
con las tripitas de mi hijo".

          IX

De ella fueron los lamentos
que en mi soled escuch;
en cuanto al punto llegu
qued enterado de todo;
al mirarla de aquel modo
ni un istante tutubi.

Toda cubierta de sangre
aquella infeliz cautiva,
tena dende abajo arriba
la marca de los lazazos;
sus trapos hechos pedazos
mostraban la carne viva.

Alz los ojos al cielo
en sus lgrimas baada;
tena las manos atadas;
su tormento estaba claro;
y me clav una mirada
como pidindom amparo.

Yo no s lo que pas
en mi pecho en ese istante;
estaba el indio arrogante
con una cara feroz:
para entendernos los dos
la mirada fue bastante.

Peg un brinco como gato
y me gan la distancia;
aprovech esa ganancia
como fiera cazadora,
desat las boliadoras
y aguard con vigilancia.

Aunque yo iba de curioso
y no por buscar contienda,
al pingo le at la rienda,
ech mano, dende luego,
a ste que no yerra fuego,
y ya se arm la tremenda.


El peligro en que me hallaba
al momento conoc;
nos mantuvimos ans,
me miraba y lo miraba;
yo al indio le desconfiaba
y l me desconfiaba a m-

Se debe ser precavido
cuando el indio se agasape:
en esa postura el tape
vale por cuatro o por cinco:
como el tigre es para el brinco
y fcil que a uno lo atrape.

Peligro era atropellar
y era peligro el juir,
y ms peligro seguir
esperando de este modo,
pues otros podan venir
y carniarme all entre todos.

A juerza de precaucin
muchas veces he salvado,
pues en un trance apurado
es mortal cualquier descuido;
si Cruz hubiera vivido
no habra tenido cuidado.

Un hombre junto con otro
en valor y en juerza crece;
el temor desaparece,
escapa de cualquier trampa:
entre dos, no digo a un pampa,
a la tribu si se ofrece.

En tamaa incertidumbre,
en trance tan apurado,
no poda, por de contado,
escaparme de otra suerte
sino dando al indio muerte
o quedando all estirado.

Y como el tiempo pasaba
y aquel asunto me urga,
viendo que l no se mova,
me fui medio de soslayo
como a agarrarle el caballo
a ver si se me vena.

Ans fue, no aguard ms,
y me atropell el salvaje;
es preciso que se ataje
quien con el indio pele;
el miedo de verse a pie
aumentaba su coraje.


En la dentrada no ms
me larg un par de bolazos:
uno me toc en un brazo;
si me da bien me lo quiebra,
pues las bolas son de piedra
y vienen como balazo.

A la primer pualada
el pampa se hizo un ovillo:
era el salvaje ms pillo
que he visto en mis correras,
y, a ms de las picardas,
arisco para el cuchillo.

Las bolas las manejaba
aquel bruto con destreza,
las recoga con presteza
y me las volva a largar
hacindomels silbar
arriba de la cabeza.

Aquel indio, como todos,
era cauteloso ... aijuna!
hi me vali la fortuna
de que peliando se apotra:
me amenazaba con una
y me largaba con otra.

Me sucedi una desgracia
en aquel percance amargo;
en momento que lo cargo
y que l reculando va,
me enred en el chirip
y ci tirao largo a largo.

Ni pa encomendarme a Dios
tiempo el salvaje me dio;
cuanto en el suelo me vio
me salt con ligereza;
juntito de la cabeza
el bolazo retumb.

Ni por respeto al cuchillo
dej el indio de apretarme;
all pretende ultimarme
sin dejarme levantar,
y no me daba lugar
ni siquiera a enderezarme.

De balde quiero moverme:
aquel indio no me suelta;
como persona resuelta,
toda mi juerza ejecuto,
pero abajo de aquel bruto
no poda ni darme gelta.


Bendito Dios poderoso!
Quin te puede comprender
cuando a una dbil mujer
le diste en esa ocasin
la juerza que en un varn
tal vez no pudiera haber.

Esa infeliz tan llorosa
viendo el peligro se anima;
como una flecha se arrima
y, olvidando su aflicin,
le peg al indio un tirn
que me lo sac de encima.

Ausilio tan generoso
me libert del apuro;
si no es ella, de siguro
que el indio me sacrifica,
y mi valor se duplica
con un ejemplo tan puro.

En cuanto me enderec
nos volvimos a topar;
no se poda descansar
Y me chorriaba el sudor;
en un apuro mayor
jams me he vuelto a encontrar.

Tampoco yo le daba alce
como deben suponer;
se haba aumentado mi quehacer
para impedir que el brutazo
Ie pegara algn bolazo.
de rabia, a aquella mujer.

La bola en manos del indio
es terrible, y muy ligera;
hace de ella lo que quiera,
saltando como una cabra:
mudos, sin decir palabra,
pelibamos como fieras.

Aquel duelo en el desierto
nunca jams se me olvida;
iba jugando la vida
con tan terrible enemigo.
teniendo all de testigo
a una mujer afligida.

Cuanto l ms se enfureca,
yo ms me empiezo a calmar;
mientras no logra matar
el indio no se desfoga;
al fin le cort una soga
y lo empec aventajar.


Me hizo sonar las costillas
de un bolazo aquel maldito;
y al tiempo que le di un grito
y le dentro como bala
pisa el indio y se refala
en el cuerpo del chiquito.

Para esplicar el misterio
es muy escasa mi cencia:
lo castig, en mi concencia
su Divina Majest
donde no hay casualid
suele estar la Providencia.

En cuanto trastabill,
ms de firme lo cargu.
y aunque de nuevo hizo pie
lo perdi aquella pisada,
pues en esa atropellada
en dos partes lo cort.

Al sentirse lastimao
se puso medio afligido;
pero era indio decidido,
su valor no se quebranta;
le salan de la garganta
como una especie de aullidos.

Lastimao en la cabeza
la sangre lo encegueca;
de otra herida le sala
haciendo un charco ande estaba;
con las pies la chapaliaba
sin aflojar todava.

Tres figuras imponentes
formbamos aquel terno:
ella en su dolor materno,
yo con la lengua dejuera
y el salvaje, como fiera
disparada del infierno.

Iba conociendo el indio
que tocaban a degello;
se le erizaba el cabello
y los ojos revolva;
los labios se le perdan
cuando iba a tomar resuello.

En una nueva dentrada
le pegu un golpe sentido,
y al verse ya mal herido,
aquel indio furibundo
lanz un terrible alarido
que retumb como un ruido
si se sacudiera el mundo.


Al fin de tanto lidiar,
en el cuchillo lo alc,
en peso lo levant
aquel hijo del desierto,
ensartado lo llev,
y all recin lo largu
cuando ya lo senti muerto.

Me persin dando gracias
de haber salvado la vida;
aquella pobre afligida
de rodillas en el suelo,
alz sus ojos al cielo
sollozando dolorida.

Me hinqu tambin a su lado
a dar gracias a mi santo:
en su dolor y quebranto
ella a la madre de Dios
le pide, en su triste llanto,
que nos ampare a los dos.

Se alz con pausa de leona
cuando acab de implorar,
y sin dejar de llorar
envolvi en unos trapitos
los pedazos de su hijito
que yo le ayud a juntar.

          X

Dende ese punto era juerza
abandonar el desierto,
pues me hubieran descubierto,
y, aunque lo mat en pelea,
de fijo que me lancean
por vengar al indio muerto.

A la afligida cautiva
mi caballo le ofrec:
era un pingo que alquir,
y donde quiera que estaba
en cuanto yo lo silbaba
vena a refregarse a m.

Yo me le sent al del pampa;
era un escuro tapao;
cuando me hallo bien montao
de mis casillas me salgo;
y era un pingo como galgo,
que saba correr boliao.

Para correr en el campo
no hallaba ningn tropiezo:
los ejercitan en eso
y los ponen como luz
de dentrarle a un avestruz
y boliar bajo el pescuezo.


El pampa educa al caballo
como para un entrevero;
como rayo es de ligero
en cuanto el indio lo toca;
y, como trompo, en la boca
da gltas sobre de un cuero.

Lo varea en la madrugada;
jams falta a este deber;
luego lo ensea a correr
entre fangos y guadales;
ansina esos animales
es cuanto se puede ver.

En el caballo de un pampa
no hay peligro de rodar,
jue pucha! y pa disparar
es pingo que no se cansa;
con prolijid lo amansa
sin dejarlo corcobiar.

Pa quitarle las cosquillas
con cuidao lo manosea;
horas enteras emplea,
y, por fin, slo lo deja,
cuando agacha las orejas
y ya el potro ni cocea.

Jams le sacude un golpe
porque lo trata al bagual
con pacencia sin igual;
al domarlo no le pega,
hasta que al fin se le entrega
ya dcil el animal.

Y aunque yo sobre los bastos
me s sacudir el polvo,
a esa costumbre me amoldo;
con pacencia lo manejan
y al da siguiente lo dejan
rienda arriba junto al toldo.

Ans todo el que procure
tener un pingo modelo,
lo ha de cuidar con desvelo,
y debe impedir tambin
el que de golpes le den
o tironn en el suelo.

Muchos quieren dominarlo
con el rigor y el azote,
y si ven al chafalote
que tiene trazas de malo,
lo embraman en algn palo
hasta que se descogote.


Todos se vuelven pretestos
y geltas para ensillarlo:
dicen que es por quebrantarlo,
mas compriende cualquier bobo
que es de miedo del corcobo
y no quieren confesarlo.

El animal yeguarizo
(perdnenm esta alvertencia)
es de mucha conocencia
y tiene mucho sentido;
es animal consentido:
lo cautiva la pacencia.

Aventaja a los dems
el que estas cosas entienda;
es bueno que el hombre aprienda,
pues hay pocos domadores
y muchos frangoyadores
que anda de bozal y rienda.

Me vine, como les digo,
trayendo esa compaera;
marchamos la noche entera,
haciendo nuestro camino
sin ms rumbo que el destino,
que nos llevara ande quiera.

Al muerto, en un pajonal
haba tratao de enterrarlo.
y, despus de maniobrarlo,
lo tap bien con las pajas,
para llevar de ventaja
lo que emplean en hallarlo.

En notando nuestra ausencia
nos haban de perseguir.
y, al decidirme a venir,
con todo mi corazn
hlce la resolucln
de peliar hasta morir.

Es un peligro muy serio
cruzar juyendo el desierto:
muchsimos de hambre han muerto,
pues en tal desasosiego
no se puede ni hacer fuego
para no ser descubierto.

Slo el albitrio del hombre
puede ayudarlo a salvar;
no hay auxilio que esperar,
slo de Dios hay amparo:
en el desierto es muy raro
que uno se pueda escapar.


Todo es cielo y horizonte
en inmenso campo verde!
Pobre de aqul que se pierde
o que su rumbo estravea!
Si alguien cruzarlo desea
este consejo recuerde.

Marque su rumbo de da
con toda fidelid;
marche con puntualid
siguindol con fijeza,
y, si duerme, la cabeza
ponga para el lao que va.

Oserve con todo esmero
adonde el sol aparece;
si hay neblina y le entorpece
y no lo puede oservar,
gurdese de caminar,
pues quien se pierde perece.

Dios les di istintos sutiles
a toditos los mortales;
el hombre es uno de tales,
y en las llanuras aqullas
lo guan el sol, las estrellas,
el viento y los animales.

Para ocultarnos de da
a la vista del salvaje
ganbamos un paraje
en que algn abrigo hubiera,
a esperar que anocheciera
para seguir nuestro viaje.

Penurias de toda clase
y miserias padecimos;
varias veces no comimos
o comimos carne cruda;
y en otras, no tengan duda,
con rices nos mantuvimos.

Despus de mucho sufrir
tan peligrosa inquiet,
alcanzamos con sal
a divisar una sierra,
y al fin pisamos la tierra
en donde crece el omb.

Nueva pena sinti el pecho
por Cruz, en aquel paraje,
y en humilde vasallaje,
a la majest infinita,
bes esta tierra bendita
que ya no pisa el salvaje.


Al fln la misericordia
de Dios nos quiso amparar;
es preciso soportar
los trabajos con costancia:
alcanzamos a una estancia
despus de tanto penar.

Ahi mesmo me desped
de mi infeliz compaera.
"Me voy -le dije- ande quiera,
aunque me agarre el gobierno,
pues infierno por infierno,
prefiero el de la frontera".

Concluyo esta relacin,
ya no puedo continuar.
permtanm descansar:
estn mis hijos presentes.
Y yo ansiosos porque cuenten
lo que tengan que contar.

          XI

Y mientras que tomo un trago
pa refrescar el garguero,
y mientras tiempla el muchacho
y prepara su estrumento,
les contar de qu modo
tuvo lugar el encuentro.
Me acerqu a algunas estancias
por saber algo de cierto,
creyendo que en tantos aos
esto se hubiera compuesto;
pero cuanto saqu en limpio
fue, que estbamos lo mesmo.
Ans me dejaba andar
hacindom el chancho rengo,
porque no me convena
revolver el avispero;
pues no inorarn ustedes
que en cuentas con el gobierno
tarde o temprano lo llaman
al pobre a hacer el arreglo.
Pero al fin tuve la suerte
de hallar un amigo viejo
que de todo me inform,
y por l supe al momento
que el juez que me persegua
haca tiempo que era muerto:
por culpa suya he pasado
diez aos de sufrimiento,
y no son pocos diez aos
para quien ya llega a viejo.
Y los he pasado ans,
si en mi cuenta no me yerro:
tres aos en la frontera
dos como gaucho matrero,
y cinco all entre los indios
hacen los diez que yo cuento.
Me dijo, a ms, ese amigo
que anduviera sin recelo,
que todo estaba tranquilo,
que no perseguIa el Gobierno,
que ya naides se acordaba
de la muerte de moreno,
aunque si yo lo mat
mucha culpa tuvo el negro.
Estuve un poco imprudente,
puede ser, yo lo confieso,
pero l me precipit
porque me cort primero;
y a ms me cort en la cara
que es un asunto muy serio.
Me asigur el mesmo amigo
que ya no haba ni el recuerdo
de aquel que en la pulpera
Io dej mostrando el sebo.
El, de engredo me busc,
yo ninguna culpa tengo;
l mesmo vino a peliarme,
y tal vez me hubiera muerto
si le tengo ms confianza
o soy un poco ms lerdo;
fue suya toda la culpa,
porque ocasion el suceso.
Que ya no hablaban tampoco,
me lo dijo muy de cierto,
de cuando con la partida
llegu a tener el encuentro.
Esa vez me defend
como estaba en mi derecho,
porque fueron a prenderme
de noche y en campo abierto.
Se me acercaron con armas,
y sin darme voz de preso,
me amenazaron a gritos,
de un modo que daba miedo,
que iban a arreglar mis cuentas,
tratndom de matrero,
y no era el jefe el que hablaba,
sin un cualquiera de entre ellos.
Y ese, me parece a m,
no es modo de hacer arreglos,
ni con el que es inocente,
ni con el culpable menos.
Con semejantes noticias
yo me puse muy contento
y me present ande quiera
como otros pueden hacerlo.
De mis hijos he encontrado
slo a dos hasta el momento;
y de ese encuentro feliz
le doy las gracias al cielo.
A todos cuantos hablaba
les preguntaba por ellos,
mas no me daba ninguno
razn de su paradero.
Casualmente el otro da
lleg a mi conocimiento,
de una carrera muy grande
entre varios estancieros
y fui eomo uno de tantos,
aunque no llevaba un medio.
No faltaba, ya se entiende,
en aquel gauchaje inmenso
muchos que ya conocan
la historia de Martn Fierro;
y all estaban los muchachos
cuidando unos parejeros.
Cuando me oyeron nombrar
se vinieron al momento,
dicindome quienes eran,
aunque no me conocieron,
porque vena muy aindiao
y me encontraban muy viejo.
La juncin de los abrazos,
de los llantos y los besos
se deja pa las mujeres,
como que entienden el juego;
pero el hombre que compriende
que todos hacen lo mesmo
en pblico canta y baila
abraza y llora en secreto.
Lo nico que me han contado
es que mi mujer ha muerto
que en procuras de un muchacho
se fue la infeliz al pueblo
donde infinitas miserias
habr sufrido por cierto;
que, por fin, a un hospital
fue a parar medio muriendo
y en ese abismo de males
falleci al muy poco tiempo.
Les juro que de esa prdida
jams he de hallar consuelo;
muchas lgrimas me cuesta
dende que supe el suceso;
mas dejemos cosas tristes,
aunque alegras no tengo;
me parece que el muchacho
ha templao y est dispuesto,
vamos a ver qu tal lo hace,
y juzgar su desempeo.
Ustedes no los conocen,
yo tengo confianza en ellos,
no porque lleven mi sangre,
(eso fuera lo de menos)
sino porque dende chicos
han vivido padeciendo;
los dos son aficionados,
les gusta jugar con fuego,
vamos a verlos correr:
son cojos... hijos de rengo.



EL HIJO MAYOR DE MARTIN FIERRO

               XII

     LA PENITENCIARIA

Aunque el gajo se parece
al rbol de donde sale,
sola decirlo mi madre
y en su razn estoy fijo:
"Jams puede hablar el hijo
"con la autorid del padre".

Recordarn que quedamos
sin tener dnde abrigarnos;
ni ramada ande ganarnos,
ni rincn ande meternos,
ni camisa que ponernos,
ni poncho con qu taparnos.

Dichoso aquel que no sabe
lo que es vivir sin amparo;
yo con verd les declaro,
aunque es por dems sabido:
dende chiquito he vivido
en el mayor desamparo.

No le merman el rigor
los mesmos que lo socorren;
tal vez porque no se borren,
los decretos del destino,
de todas partes lo corren
como ternero daino.

Y vive como los bichos
buscando alguna rendija;
el grfano es sabandija
que no encuentra compasin,
y el que anda sin direcin
es guitarra sin clavija.

Sentir que cuanto digo
a algn oyente le cuadre;
ni cara tena, ni madre,
ni parentela, ni hermanos;
y todos limpian sus manos
en el que vive sin padre.

Lo cruza ste de un lazazo,
lo abomba aqul de un moquete,
otro le busca el cachete,
y entre tanto soportar,
suele a veces no encontrar
ni quien le arroje un soquete.


Si lo recogen lo tratan
con la mayor rigidez;
piensan que es mucho tal vez,
cuando ya muestra el pellejo,
si le dan un trapo viejo
pa cubrir su desnudez.

Me cri, pues, como les digo,
desnudo a veces y hambriento;
me ganaba mi sustento
y ans los aos pasaban;
al ser hombre me esperaban
otra clase de tormentos.

Pido a todos que no olviden
lo que les voy a decir;
en la escuela del sufrir
he tomado mis leciones;
y hecho muchas reflesiones
dende que empec a vivir.

Si alguna falta cometo
la motiva mi inorancia;
no vengo con arrogancia
y les dir en conclusin
que trabajando de pin
me encontraba en una estancia.

El que manda siempre puede
hacerle al pobre un calvario;
a un vecino propietario
un boyero le mataron,
y aunque a m me lo achacaron
sali cierto en el sumario.

Piensen los hombres honrados
en la vergenza y la pena
de que tendra la alma llena
al verme ya tan temprano
igual a los que sus manos
con el crimen envenenan.

Declararon otros dos
sobre el caso del dijunto;
mas no se aclar el asunto,
y el juez, por darlas de listo,
"amarrados como un Cristo
nos dijo, irn todos juntos".

"A la justicia ordinaria
voy a mandar a los tres."
Tena razn aquel juez,
y cuantos ans amenacen:
ordinaria... es como la hacen,
lo he conocido despus.


Nos remiti, como digo,
a esa justicia ordinaria,
y fuimos con la sumaria
a esa crcel de malevos
que por un bautismo nuevo
le llaman Penitenciaria.

El porqu tiene ese nombre
naides me lo dijo a m,
mas yo me lo esplico ans:
le dirn Penitenciaria
por la penitencia diaria
que se sufre estando all.

Criollo que cai en desgracia
tiene que sufrir no poco;
naides lo ampara tampoco
si no cuenta con recursos;
el gringo es de ms discurso:
cuando mata se hace el loco.

No s el tiempo que corri
en aquella sepoltura;
si de ajuera no lo apuran,
el asunto va con pausa;
tienen la presa sigura
y dejan dormir la causa.

Inora el preso a qu lado
se inclinar la balanza;
pero es tanta la tardanza
que yo les digo por mi:
el hombre que dentre all
deje afuera la esperanza.

Sin perfecionar las leyes
perfecionan el rigor;
sospecho que el inventor
habr sido algn maldito:
por grande que sea un delito
aquella pena es mayor.

Eso es para quebrantar
el corazn ms altivo.
Los llaveros son pasivos,
pero ms secos y duros
tal vez que los mesmos muros
en que uno gime cautivo.

No es en grillos ni en cadenas
en lo que ust penar
sin en una soled
y un silencio tan projundo
que parece que en el mundo
es el nico que est.


El ms altivo varn
y de cormillo gastao,
all se vera agobiao
y su corazn marchito,
al encontrarse encerrao
a solas con su delito.

En esa crcel no hay toros,
all todos son corderos;
no puede el ms altanero,
al verse entre aquellas rejas,
sin amujar las orejas
y sufrir callao su encierro.

Y digo a cuantos inoran
el rigor de aquellas penas,
yo que sufr las cadenas
del destino y su inclemencia:
que aprovechen la esperencia
del mal en cabeza agena.

Ay madres, las que dirigen
al hijo de sus entraas!
No piensen que las engaa,
ni que les habla un falsario;
lo que es el ser presidario
no lo sabe la campaa.

Hijas, esposas, hermanas,
cuantas quieren a un varn,
diganls que esa prisin
es un infierno temido,
donde no se oye ms ruido
que el latir del corazn.

All el da no tiene sol,
la noche no tiene estrellas;
sin que le valgan querellas
encerrao lo purifican;
y sus lgrimas salpican
en las paredes aquellas.

En soled tan terrible
de su pecho oye el latido:
lo s, porque lo he sufrido
y cramel el aulitorio:
tal vez en el purgatorio
las almas hagan ms ruido.

Cuenta esas horas eternas
para ms atormentarse;
su lgrima al redamarse
calcula en sus afliciones,
contando sus pulsaciones.
lo que dilata en secarse.


All se amansa el ms bravo;
all se duebla el ms juerte:
el silencio es de tal suerte
que, cuando llegue a venir,
hasta se le han de sentir
las pisadas a la muerte.

Adentro mesmo del hombre
se hace una revolucin:
metido en esa prisin,
de tanto no mirar nada,
le nace y queda grabada
la idea de la perfecin.

En mi madre, en mis hermanos,
en todo pensaba yo;
al hombre que all dentr
de memoria ms ingrata,
fielmente se le retrata
todo cuanto ajuera vi.

Aqul que ha vivido libre
de cruzar por donde quiera
se aflige y se desespera
de encontrarse all cautivo;
es un tormento muy vivo
que abate la alma ms fiera.

En esa estrecha prisin
sin poderme conformar,
no cesaba de esclamar:
qu diera yo por tener
un caballo en que montar
y una pampa en que correr!

En un lamento costante
se encuentra siempre embretao;
el castigo han inventao
de encerrarlo en las tinieblas,
y all est como amarrao
a un fierro que no se duebla.

No hay un pensamiento triste
que al preso no lo atormente;
bajo un dolor permanente
agacha al fin la cabeza,
porque siempre es la tristeza
hermana de un mal presente.

Vierten lgrimas sus ojos
pero su pena no alivia.
En esa costante lidia
sin un momento de calma,
contempla, con los del alma,
felicidades que envidia.


Ningn consuelo penetra
detrs de aquellas murallas;
el varn de ms agallas,
aunque ms duro que un perno,
metido en aquel infierno
sufre, gime, llora y calla.

Del furor el corazn
se le quiere reventar,
pero no hay sin aguantar
aunque sosiego no alcance;
dichoso en tan duro trance
aquel que sabe rezar!

Dirige a Dios su plegaria
el que sabe una oracin;
en esa tribulacin
gime olvidado del mundo,
y el dolor es ms projundo
cuando no halla compasin.

En tan crueles pesadumbres,
en tan duro padecer,
empezaba a encanecer
despus de muy pocos meses;
all lament mil veces
no haber aprendido a ler.

Viene primero el furor,
despus la melancola;
en mi angustia no tena
otro alivio ni consuelo
sin regar aquel suelo
con lgrimas noche y da.

A visitar otros presos
sus familias solan ir;
naides me visit a m
mientras estuve encerrado;
quin iba a costiarse all
a ver un desamparado!

Bendito sea el carcelero
que tiene buen corazn!
Yo s que esta bendicin
pocos pueden alcanzarla,
pues si tienen compasin
su deber es ocultarla.

Jams mi lengua podr
espresar cunto he sufrido;
en ese encierro metido;
llaves paredes, cerrojos
se graban tanto en los ojos
que uno los ve hasta dormido.


El mate no se permite,
no le permiten hablar,
no le permiten cantar
para aliviar su dolor,
y hasta el terrible rigor
de no dejarlo fumar.

La justicia muy severa
suele rayar en crueld;
sufre el pobre que all est
calenturas y delirios,
pues no esiste pior martirio
que esa eterna soled.

Conversamos con las rejas
por slo el gusto de hablar;
pero nos mandan callar
y es preciso conformarnos,
pues no se debe irritar
a quien puede castigarnos.

Sin poder decir palabra
sufre en silencio sus males,
y uno en condiciones tales,
se convierte en animal,
privao del don principal
que Dios hizo a los mortales.

Yo no alcanzo a comprender
por qu motivo ser,
que el preso privado est
de los dones ms preciosos
que el justo Dios bondadoso
otorg a la humanid.

Pues que de todos los bienes
(en mi inorancia lo infiero)
que le dio al hombre altanero
su Divina Majest,
la palabra es el primero,
el segundo la amist.

Y es muy severa la ley
que por un crimen o un vicio,
somete al hombre a un suplicio
el ms tremendo y atroz
privado de un beneficio
que ha recebido de Dios.

La soled causa espanto,
el silencio causa horror;
ese contnuo terror
es el tormento ms duro,
y en un presidio siguro
est de ms tal rigor


Inora uno si de all
saldr pa la sepoltura
el que se halla en desventura
busca a su lao otro ser
pues siempre es bueno tener
compaeros de amargura.

Otro ms sabio podr
encontrar razn mejor,
yo no soy rebuscador,
y sta me sirve de luz:
se los dieron al Seor
al clavarlo en una cruz.

Y en las projundas tinieblas
en que mi razn esiste,
mi corazn se resiste
a ese tormento sin nombre,
pues el hombre alegra al hombre,
y el hablar consuela al triste.

Grbenl como en la piedra
cuanto he dicho en este canto;
y aunque yo he sufrido tanto
debo confesarlo aqu:
el hombre que manda all,
es poco menos que un santo

Y son buenos los dems,
a su ejemplo se manejan;
pero por eso no dejan
Ias cosas de ser tremendas,
piensen todos y compriendan
el sentido de mis quejas

Y guarden en su memoria
con toda puntualid,
lo que con tal clarid
les acabo de decir;
mucho tendrn que sufrir
si no cren en mi verd.

Y si atienden mis palabras
no habr calabozos llenos;
manjens como buenos;
no olviden esto jams:
aqu no hay razn de ms;
ms bien las puse de menos.

Y con esto me despido;
todos han de perdonar;
ninguno debe olvidar
la historia de un desgraciado:
quien ha vivido encerrado
poco tiene que contar.



EL HIJO SEGUNDO DE MARTIN FIERRO

         XIII
Lo que les voy a decir
ninguno lo ponga en duda,
y aunque la cosa es peluda,
har la resolucin;
es ladino el corazn
pero la lengua no ayuda.

El rigor de las desdichas
hemos soportao diez aos,
pelegrinando entre estraos
sin tener donde vivir
y obligados a sufrir
una mquina de daos.

El que vive de este modo
de todos es tributario;
falta el cabeza primario,
y los hijos que l sustenta
se dispersan como cuentas
cuando se corta el rosario.

Yo anduve ans como todos,
hasta que al fin de sus das
supo mi suerte una ta
y me recogi a su lado;
all viv sosegado
y de nada careca.

No tena cuidado alguno
ni que trabajar tampoco;
y como muchacho loco
lo pasaba de holgazn;
con razn dice el refrn
que lo bueno dura poco.

En m todo su cuidado
y su cario pona;
como a un hijo me quera
con cario verdadero
y me nombr de heredero
de los bienes que tena.

El juez vino sin tardanza
cuanto falleci la vieja.
"De los bienes que te deja,
me dijo, yo he de cuidar:
"es un rodeo regular
"y dos majadas de ovejas."

Era hombre de mucha labia,
con ms leyes que un dotor.
Me dijo: "Vos sos menor
"y por los aos que tienes,
"no pods manejar bienes,
"voy a nombrarte un tutor."


Tom un recuento de todo
porque entenda su papel,
y despus que aquel pastel
lo tuvo bien amasao,
puso al frente un encargao
y a m me llev con l.

Muy pronto estuvo mi poncho
lo mesmo que cernidor;
el chirip estaba pior,
y aunque pa el fro soy guapo,
ya no me quedaba un trapo
ni pa el fro, ni pa el calor.

En tan triste desabrigo,
tras de un mes iba otro mes;
guardaba silencio el juez,
la miseria me invada;
me acordaba de mi ta,
al verme en tal desnuds.

No s decir con fijeza
el tiempo que pas all;
y despus de andar ans,
como moro sin seor,
pas a poder del tutor
que deba cuidar de m.

         XIV

Me llev consigo un viejo
que pronto mostr la hilacha:
dejaba ver por la facha
que era medio cimarrn;
muy renegao, muy ladrn,
y le llamaban Viscacha.

Lo que el juez iba buscando
sospecho y no me equivoco;
pero este punto no toco
ni su secreto averiguo:
mi tutor era un antiguo
de los que ya quedan pocos.

Viejo lleno de camndulas,
con un empaque a lo toro;
andaba siempre en un moro
metido en no s qu enriedos
con las patas como loro,
de estribar entre los dedos.

Andaba rodiao de perros,
que eran todo su placer;
jams dej de tener
menos de media docena;
mataba vacas ajenas
para darles de comer.


Carnibamos noche a noche
alguna res en el pago;
y, dejando all el resago,
alzaba en ancas el cuero,
que lo venda a un pulpero
por yerba, tabaco y trago.

Ah!, viejo ms comerciante
en mi vida lo he encontrao!
Con ese cuero robao,
l arreglaba el pastel,
y all entre el pulpero y l
se estenda el certificao.

Le echaba de comedido;
en las trasquilas, lo viera,
se pona como una fiera
si cortaban una oveja;
pero de alzarse no deja
un velln o unas tijeras.

Una vez me dio una soba
que me hizo pedir socorro
porque lastim un cachorro
en el rancho de unas vascas;
y al irse se alz unas guascas;
para eso era como zorro.

Aijuna! dije entre m;
me has dao esta pesadumbre:
ya vers cuanto vislumbre
una ocasin medio gena;
te he de quitar la costumbre
de cerdiar yeguas ajenas.

Porque mat una viscacha
otra vez me reprendi,
se lo vine a contar yo;
Y no bien se lo hube dicho,
"ni me nuembres ese bicho"
me dijo, y se me enoj.

Al verlo tan irritao
hall prudente callar;
ste me va a castigar
dije entre m, si se agravia:
ya vi que les tena rabia
y no las volv a nombrar.

Una tarde hall una punta
de yeguas medio bichocas
despus que volti unas pocas
las cerdiaba con empeo;
yo vide venir al dueo
pero me call la boca.


El hombre vena jurioso
y nos cay como un rayo;
se descolg del caballo
revoliando el arriador,
y lo cruz de un lazaso
hi no mas a mi tutor.

No atinaba don Viscacha
a qu lado disparar,
hasta que logr montar,
y de miedo del chicote,
se lo apret hasta el cogote,
sin pararse a contestar.

Ustedes crern tal vez
que el viejo se curara:
no, seores, lo que haca
con ms cuitao, dende entonces
era maniarlas de da
para cerdiar a la noche.

Ese fue el hombre que estuvo
encargao de mi destino;
siempre anduvo en mal camino,
y todo aquel vecindario
deca que era un perdulario,
insufrible de daino.

Cuando el juez me lo nombr
al drmel de tutor,
me dijo que era un seor
el que me deba cuidar,
ensearme a trabajar
y darme la educacin.

Pero qu haba de aprender
al lado de ese viejo paco
que viva como el chuncaco
en los baaos, como el tero;
un haragn, un ratero,
y ms chilln que un barraco.

Tampoco tena ms bienes
ni propied conocida
que una carreta podrida
y las paredes sin techo
de un rancho medio desecho,
que le serva de guarida.

Despus de las trasnochadas
all vena a descansar;
yo desiaba aviriguar
lo que tuviera escondido,
pero nunca haba podido
pues no me dejaba entrar.


Yo tena una jergas viejas
que haban sido ms peludas
y con mis carnes desnudas,
el viejo, que era una fiera,
me echaba a dormir ajuera
con unas heladas crudas.

Cuando mozo fue casao
aunque yo lo desconfo;
y deca un amigo mo
que, de arrebatao y malo,
mat a su mujer de un palo
porque le di un mate fro.

Y viudo por tal motivo
nunca se volvi a casar;
no era fcil encontrar
ninguna que lo quisiera:
todas temeran llevar
la suerte de la primera.

Soaba siempre con ella,
sin duda por su delito
y deca el viejo maldito
el tiempo que estuvo enfermo,
que ella dende el mesmo infierno
lo estaba llamando a gritos.

          XV

Siempre andaba retobao,
con ninguno sola hablar;
se diverta en escarbar
y hacer marcas con el dedo;
y cuando se pona en pedo
me empezaba aconsejar.

Me parece que lo veo
con su poncho calamaco;
despus de echar un buen taco
ans principiaba a hablar:
"Jams llegus a parar
a donde ves perros flacos."

"El primer cuidao del hombre
es defender el pellejo;
llevate de mi consejo,
fijate bien lo que hablo;
el diablo sabe por diablo
pero ms sabe por viejo."

"Hacete amigo del juez,
no le ds de qu quejarse;
y cuando quiera enojarse
vos te debs encojer,
pues siempre es geno tener
palenque ande ir a rascarse."


"Nunca le llevs la contra
porque l manda la gavilla;
all sentao en su silla
ningn gey le sale bravo:
a uno le da con el clavo
y a otro con la cantramilla."

"El hombre, hasta el ms soberbio,
con ms espinas que un tala,
aflueja andando en la mala
y es blando como manteca:
hasta la hacienda baguala
ci al jagel con la seca."

"No ands cambiando de cueva,
hac las que hace el ratn:
conservate en el rincn
en que empes tu esistencia:
vaca que cambia querencia
se atrasa en la paricin."

Y menudiando los tragos
aquel viejo como cerro,
"No olvids, me deca, Fierro,
que el hombre no debe crer
en lgrimas de mujer
ni en la renguera del perro."

"No te debs afligir
aunque el mundo se desplome:
lo que ms precisa el hombre
tener, segn yo discurro,
es la memoria del burro
que nunca olvida ande come."

"Dej que caliente el horno
el dueo del amasijo;
lo que es yo, nunca me aflijo
y a todito me hago el sordo:
el cerdo vive tan gordo
y se come hasta los hijos."

"El zorro que ya es corrido,
dende lejos la olfatea;
no se apure quien desea
hacer lo que le aproveche:
la vaca que ms rumea
es la que da mejor leche."

"El que gana su comida
bueno es que en silencio coma:
ansina, vos ni por broma
querrs llamar la atencin:
nunca escapa el cimarrn
si dispara por la loma."


"Yo voy donde me conviene
y jams me descarro;
llevate el ejemplo mo,
y llenars la barriga;
aprend de las hormigas:
no van a un noque vaco."

"A naides tengs envidia,
es muy triste el envidiar;
cuando ves a otro ganar
a estorbarlo no te metas:
cada lechn en su teta
es el modo de mamar."

"Ans se alimentan muchos
mientras los pobres lo pagan;
como el cordero hay quien lo haga
en la puntita, no niego;
pero otros, como el borrego,
toda entera se la tragan."

"Si buscs vivir tranquilo
dedicate a solteriar;
mas si te quers casar,
con esta alvertencia sea:
que es muy difcil guardar
prenda que otros codicean."

"Es un bicho la mujer
que yo aqu no lo destapo:
siempre quiere al hombre guapo,
mas fijate en la elecin;
porque tiene el corazn
como barriga de sapo."

Y gangoso con la tranca,
me sola decir: "Potrillo,
recin te apunta el cormillo,
mas te lo dice un toruno:
no dejs que hombre ninguno
te gane el lao del cuchillo."

"Las armas son necesarias
pero naides sabe cundo;
ansina, si ands pasiando,
y de noche sobre todo,
debs llevarlo de modo
que al salir, salga cortando."

"Los que no saben guardar
son pobres aunque trabajen;
nunca, por ms que se atajen,
se librarn del cimbrn:
al que nace barrign
es al udo que lo fajen.


"Donde los vientos me llevan
all estoy como en mi centro;
cuando una tristeza encuentro
tomo un trago pa alegrarme:
a m me gusta mojarme
por ajuera y por adentro."

          XVI

Cuando el viejo cay enfermo,
viendo yo que se empioraba,
y que esperanza no daba
de mejorarse siquiera,
le truje una culandrera
a ver si lo mejoraba.

En cuanto lo vio me dijo:
"este no aguanta el sogazo;
"muy poco le doy de plazo;
"nos va a dar un espetculo
"porque debajo del brazo
"le ha salido un tabernculo."

Dice el refrn que en la tropa
nunca falta un gey corneta;
uno que estaba en la puerta
le peg el grito hi no ms:
"Tabernculo... qu bruto;
"un tubrculo, dirs."

Al verse ans interrumpido
al punto dijo el cantor:
"No me parece ocasin
"de meterse los de ajuera
"tabernculo, seor
"le deca la culandrera."

El de ajuera repiti
dndole otro chaguarazo;
"All va un nuevo bolazo,
"copo y se lo gano en puerta:
"a las mujeres que curan
se las llama curanderas".

No es bueno, dijo el cantor,
muchas manos en un plato,
y dir al que ese barato
ha tomao de entremetido,
que no cria haber venido
a hablar entre literatos.

Y para seguir contando
la historia de mi tutor
le pedir a ese dotor
que en mi inorancia me deje,
pues siempre encuentra el que teje
otro mejor tejedor.


Segua enfermo como digo,
cada vez ms emperrao;
yo estaba ya acobardao
y lo espiaba dende lejos:
era la boca del viejo
la boca de un condenao.

All pasamos los dos
noches terribles de invierno
l maldeca al Padre Eterno
como a los santos benditos,
pidiendol al diablo a gritos
que lo llevara al infierno.

Debe ser grande la culpa
que a tal punto mortifica;
cuando va una reliquia
se pona como azogado,
como si a un endemoniado
le echaran agua bendita.

Nnnca me le puse a tiro,
pues era de mala entraa,
y viendo hereja tamaa,
sl alguna cosa le daba
de lejos se la alcanzaba
en la punta de una caa.

Ser mejor, deca yo
que abandonado lo deje,
que blasfeme y que se queje
y que siga de esta suerte,
hasta que venga la muete
y cargue con este hereje.

Cuando ya no pudo hablar
le at en la mano un cencerro,
y al ver cercano su entierro,
araando las paredes
espir all, entre los perros
y este servidor de ustedes.

         XVII

Le cobr un miedo terrible
despus que lo vi dijunto;
llam al alcalde, y al punto,
acompaado se vino
de tres o cuatro vecinos
a arreglar aquel asunto.

"Anima bendita", dijo
un viejo medio ladiao;
"que Dios lo haiga perdonao,
"es todo cuanto deseo
"le conoc un pastoreo
"de terneritos rabaos.


"Ansina es, dijo el alcalde,
con eso empez a poblar;
yo nunca podr olvidar
las travesuras que hizo;
hasta que al fin fue preciso
que le privasen carniar.

"De mozo fue muy jinete,
no lo bajba un bagual;
pa ensillar un animnal
sin necesitar de otro,
se encerraba en el corral
y all galopiaba el potro.

"Se llevaba mal con todos;
era su costumbre vieja
el mesturar las ovejas,
pues al haccr el aparte
sacaba la mejor parte
y despus vena con quejas."

"Dios lo ampare al pobresito,
dijo en seguida un tercero,
siempre robaba carneros,
en eso tena destreza:
enterraba las cabezas,
y despus venda los cueros."

"Y qu costumbre tena;
cuando en el jogn estaba,
con el mate se agarraba
estando los piones juntos,
yo tayo, deca, y apunto,
y a ninguno convidaba."

"Si ensartaba algn asao,
pobre! como si lo viese!
poco antes de que estuviese
primero lo maldeca,
luego despus lo escupa
para que naides comiese."

"Quien le quit esa costumbre
de escupir al asador
fue un mulato resertor
que andaba de amigo suyo,
un diablo, muy peliador,
que le llamaban Barullo."

"Una noche que les hizo
como estaba acostumbrao
se alz el mulato enojao,
y le grit: "Viejo indino,
"yo te he ensear, cochino,
"a echar saliva al asao."


"Lo salt por sobre el juego
con el cuchillo en la mano;
la pucha el pardo livianol
en la mesma atropellada
le larg una pualada
que la quit otro paisano."

"Y ya caliente Barullo,
quiso seguir la chacota:
se le haba erizao la mota
lo que empez la reyerta:
el viejo gan la puerta
y apel a las de gaviota".

"De esa costumbre maldita
dende entonces se cur;
a las casas no volvi,
se meti en un cicutal,
y all escondido pas
esa noche sin cenar."

Esto hablaban los presentes;
y yo que estaba a su lao,
al ir lo que he relatao,
aunque l era un perdulario,
dije entre m: "Qu rosario
le estn resando al finao!"

Luego comenz el alcalde
a registrar cuanto haba,
sacando mil chucheras
y guascas y trapos viejos,
temerid de trebejos
que para nada servan.

Salieron lazos, cabrestos,
coyundas y maniadores,
una punta de arriadores,
cinchones, maneas, torzales
una porcin de bozales
y un montn de tiradores.

Haba riendas de domar,
frenos y estribos quebraos;
bolas, espuelas, recaos,
unas pavas, unas ollas,
y un gran manojo de argollas
de cinchas que haba cortao.

Salieron varios cencerros,
alesnas, lonjas, cuchillos,
unos cuantos cojinillos,
un alto de jergas viejas,
muchas botas desparejas
y una infinidad de anillos.


Haba tarros de sardinas,
unos cueros de venao,
unos ponchos aujeriaos,
y en tan tremendo entrevero
apareci hasta un tintero
que se perdi en el juzgao.

Deca el alcalde muy serio:
"Es poco cuanto se diga;
"haba sido como hormiga,
"he de darle parte al juez,
"y que me venga despus
"conque no se los persiga."

Yo estaba medio azorao
de ver lo que suceda;
entre ellos mesmos decan
que unas prendas eran suyas,
pero a m me pareca
que esas eran aleluyas.

Y cuando ya no tuvieron
rincn donde registrar
cansaos de tanto huroniar
y de trabajar de balde,
"vmonos, dijo el alcalde
"luego lo har sepultar."

Y aunque mi padre no era
el dueo de ese hormiguero
l all muy cariero,
me dijo con muy buen modo
"Vos sers el heredero
"y te hars cargo de todo."

"Se ha de arreglar este asunto
"como es preciso que sea
"voy a nombrar albacea
"uno de los circustantes,
"las cosas no son, como antes
"tan enredadas y feas."

Bendito Dios! pens yo:
ando como un pordiosero
y me nuembran heredero
de toditas estas guascas:
quisiera saber primero
lo que se han hecho mis vacas!

         XVIII

Se largaron como he dicho
a disponer el entierro;
cuando me acuerdo, me aterro:
me puse a llorar a gritos
al verme all tan solito
con el finao y los perros.


Me saqu el escapulario,
se lo colgu al pecador;
y como hay en el Seor
misericordia infinita,
rogu por la alma bendita
del que antes jue mi tutor.

No se calmaba mi duelo
de verme tan solitario,
hi le champurri un rosario
como si juera mi padre,
besando el escapulario
que me haba puesto mi madre.

Madre ma, gritaba yo,
dnde andars padeciendo;
el llanto que estoy virtiendo
lo redamaras por m,
si vieras a tu hijo aqu
todo lo que est sufriendo.

Y mientras ans clamaba
sin poderme consolar,
los perros, para aumentar
ms mi miedo y mi tormento,
en aquel mesmo momento
se pusieron a llorar.

Libre Dios a los presentes
de que sufran otro tanto;
con el muerto y esos llantos
les juro que falta poco
para que me vuelva loco
en medio de tanto espanto.

Decan entonces las viejas,
como que eran sabedoras,
que los perros cuando lloran
es porque ven al demonio;
yo crea en el testimonio:
como cr siempre el que inora.

Ahi dej que los ratones
comieran el guasquero;
y como anda a su albedro
todo el que grfano queda,
alzando lo que era mo
abandon aquella cueva.

Supe despus que esa tarde
vino un pin y lo enterr,
ninguno lo acompa
ni lo velaron siquiera;
y al otro da amaneci
con una mano dejuera.


Y me ha contado adems
el gaucho que hizo el entierro
(al recordarlo me aterro,
me da pavor este asunto)
que la mano del dijunto
se la haba comido un perro.

Tal vez yo tuve la culpa
porque de asustao me fui;
supe despus que volv,
y asigurrsel puedo.
que los vecinos, de miedo,
no pasaban por all.

Hizo del rancho guarida
la sabandija ms sucia,
el cuerpo se despeluza
y hasta la razn se altera:
pasaba la noche entera
chillando all una lechuza.

Por mucho tiempo no pude
saber lo que me pasaba;
los trapitos con que andaba
eran puras hojarascas;
todas las noches soaba
con viejos, perros y guascas.

         XIX

Anduve a mi volunt
como moro sin seor;
ese fue el tiempo mejor
que yo he pasado tal vez:
de miedo de otro tutor
ni aport por lo del juez.

"Yo cuidar, me haba dicho,
"de lo de tu propied;
"todo se conservar,
"eI vacuno y los rebaos
"hasta que cumpls treinta aos
"en que ses mayor de ed."

Y aguardando que llegase
el tiempo que la Iey fija,
pobre como largartija,
y sin respetar a naides,
anduve cruzando al aire
como bola sin manija.

Me hice hombre de esa manera
bajo el ms duro rigor;
sufriendo tanto dolor
muchas cosas aprend;
y, por fin, vtima fui
del ms desdichado amor.


De tantas alternativas
sta es la parte peluda;
infeliz y sin ayuda
fue estremado mi delirio,
y causaban mi martirio
los desdenes de una viuda.

Llora el hombre ingratitudes
sin tener un jundamento,
acusa sin miramiento
a la que el mal le ocasiona,
y tal vez en su persona
no hay ningn merecimiento.

Cuando yo mas padeca
la crueld de mi destino
rogando al poder divino
que del dolor me separe,
me hablaron de un adivino
que curaba esos pesares.

Tuve recelos y miedos
pero al fin me disolv:
hice coraje y me fui
donde el adivino estaba,
y por ver si me curaba
cuanto llevaba le di.

Me puse al contar mis penas
ms colorao que un tomate,
y se me aud el gaznate
cuando dijo el ermitao:
"Hermano, le han hecho dao
"y se lo han hecho en un mate."

"Por verse libre de ust
"lo habrn querido embrujar."
Despus me empez a pasar
una pluma de avestruz
y me dijo: "De la Cruz
"receb el don de curar."

"Debs maldecir, me dijo,
"a todos tus conocidos,
"ansina el que te ha ofendido
"pronto estar descubierto,
"y deben ser maldecidos
"tanto vivos como muertos."

Y me recet que hincao
en un trapo de la viuda
frente a una planta de ruda
hiciera mis oraciones,
diciendo: "No tengs duda,
"eso cura las pasiones."


A la viuda en cuanto pude
un trapo le manoti;
busqu la ruda y al pie,
puesto en cruz, hice mi reso;
pero, amigos, ni por eso
de mis males me cur.

Me recet otra ocasin
que comiera abrojo chico:
el remedio no me esplico,
mas, por desechar el mal,
al udo en un abrojal
fi a ensangrentarme el hocico.

Y con tanta medecina
me pareci que sanaba
por momentos se aliviaba
un poco mi padecer,
mas si a la viuda encontraba
volva la pasin a arder.

Otra vez que consult
su saber estrodinario,
recibi bien su salario,
y me recet aquel pillo
que me colgase tres grillos
ensartaos como rosario.

Por fin, la ltima ocasin
que por mi mal lo fi a ver,
me dijo: "No, mi saber
"no ha perdido su virt:
"yo te dar la sal,
"no triunfar esa mujer."

"Y ten fe en el remedio,
"pues la cencia no es chacota;
"de esto no enteds ni jota;
"sin que ninguno sospeche
"cortale a un negro tres motas
"y hacelas hervir en leche."

Yo andaba ya desconfiando
de la curacin maldita,
y dije: "Este no me quita
"la pasin que me domina;
"pues que viva la gallina
"aunque sea con la pepita."

Ans me dejaba andar,
hasta que en una ocasin,
el cura me ech un sermn,
para curarme, sin duda,
diciendo que aquella viuda
era hija de confisin.


Y me dijo estas palabras
que nunca las he olvidao:
"Has de saber que el finao
"orden en su testamento
"que naides de casamiento
"le hablara, en lo sucesivo,
"y ella prest el juramento
"mientras l estaba vivo."

"Y es preciso que lo cumpla,
"porque ans lo manda Dios.
"os necesario que vos
"no la vuelvas a buscar,
"porque si llega a faltar
"se condenarn los dos."

Con semejante alvertencia
se complet mi redota;
le vi los pies a la sota,
y me le alej a la viuda
ms curao que con la ruda,
con los grillos y las motas.

Despus me cont un amigo
que al juez haba dicho el cura;
"Que yo era un cabeza dura
"y que era un mozo perdito,
"que me echaran del partido,
"que no tena compostura."

Tal vez por ese consejo,
y sin que ms causa hubiera,
ni que otro motivo diera,
me agarraron redepente
y en el primer contingente
me echaron a la frontera

De andar persiguiendo viudas
me he curado del deseo;
en mil penurias me veo,
mas pienso volver, tal vez,
a ver si sabe aquel juez
lo que se ha hecho mi rodeo.

         XX

Martn Fierro y sus dos hijos,
entre tanta concurrencia
siguieron con alegra
celebrando aquella fiesta.
Diez aos, los mas terribles
haba durado la ausencia
y al hallarse nuevamente
era su alegra completa.
En ese mesmo momento
uno que vino de afuera,
a tomar parte con ellos
suplic que lo almitieran.
Era un mozo forastero
de muy regular presencia
y haca poco que en el pago
andaba dando sus geltas;
aseguraban algunos
que vena de la frontera
que haba pelao a un pulpero
en las ltimas carreras,
pero andaba despilchao,
no traia una prenda buena;
un recadito cantor
daba fe de sus pobrezas.
Le pidi la bendicin
al que causaba la fiesta,
y sin decirles su nombre
les declaro con franqueza
que el nombre de Picarda
es et nico que lleva,
y para contar su historia
a todos pide licencia,
dicindols que en seguida
iban a saber quin era:
tom al punto la guitarra,
la gente se puso atenta,
y ans cant Picarda
en cuanto templ las cuerdas.

         XXI
       PICARDIA

Voy a contarles mi historia
perdnenm tanta charla,
y les dir al principiarla
aunque es triste hacerlo as,
a mi madre la perd
antes de saber llorarla.

Me qued en el desamparo,
y al hombre que me di el ser
no Io pude conocer;
ans, pues, dende chiquito
vol como un pajarito
en busca de qu comer.

O por causa del servicio,
que a tanta gente destierra,
o por causa de la guerra,
que es causa bastante seria,
los hijos de la miseria
son muchos en esta tterra.

Ans, por ella empujado,
no s las cosas que hara,
y, aunque con vergenza ma,
debo hacer esta alvertencia:
siendo mi madre lnocencia,
me llamaban Picarda.

Me llev a su lado un homhre
para cuidar las ovejas,
pero todo el da eran quejas
y guazcazos a lo loco,
y no me daba tampoco
siquiera unas jergas viejas.
Dende la alba hasta la noche,
en el campo me tena;
cordero que se mora,
mil veces me sucedi,
los caranchos lo coman
pero lo pagaba yo.

De trato tan riguroso
muy pronto me acobard;
el bonete me apret
buscando mejores fines,
y con unos bolantines
me fu para Santa Fe.

El pruebista principal
a ensearme me tom,
y ya iba aprendiendo yo
a bailar en la maroma;
mas me hicieron una broma
y aqullo me indijust.

Una vez que iba bailando,
porque estaba el calzn roto,
armaron tanto alboroto
que me hicieron perder pie:
de la cuerda me largu
y casi me descogoto.

Ans me encontr de nuevo
sin saber dnde meterme;
y ya pensaba volverme,
cuando, por fortuna ma,
me salieron unas tas
que quisieron recogerme.

Con aquella parentela,
para m desconocida,
me acomod ya en seguida;
y eran muy buenas seoras,
pero las ms rezadoras
que he visto en toda mi vida.

Con el toque de oracin
ya principiaba el rosario;
noche a noche un calendario
tenan ellas que decir,
y a rezar solan venir
muchas de aquel vecindario.

Lo que all me aconteci
siempre lo he de recordar,
pues me empiezo a equivocar
y a cada paso refalo,
como si me entrara el malo
cuanto me hincaba a resar.


Era como tentacin
lo que yo esperiment;
y jams olvidar
cunto tuve que sufrir,
porque no poda decir
"Artculos de la Fe."

Tena al lao una mulata
que era nativa de all;
se hincaba cerca de m
como el ngel de la guarda
pcara! y era la parda
la que me tentaba ans.

"Res, me dijo mi ta,
"Artculos de la Fe."
Quise hablar y me ator
la dificult me aflije;
mir a la parda, y ya dije
"Artculos de Santa Fe."

Me acomod el coscorrn
que estaba viendo venir;
yo me quise corregir,
a la mulata mir,
y otra vez volv a decir
"Artculos de Santa Fe."

Sin dificult ninguna
rezaba todito el da,
y a la noche no poda
ni con un trabajo inmenso;
es por eso que yo pienso
que alguno me tentara.

Una noche de tormenta,
vi a la parda y me entr chucho;
los ojos, me asust mucho,
eran como refocilo:
al nombrar a San Camilo,
le dije San Camilucho.

Esta me da con el pie,
aquella otra con el codo;
ah viejas! por ese modo,
aunque de corazn tierno,
yo las mandaba al infierno
con oraciones y todo.

Otra vez, que como siempre
la parda me persegua,
cuando yo acord, mis tas
me haban sacao un mechn
al pedir la estirpacin
de todas las heregas.


Aquella parda maldita
me tena medio afligido,
y ans me haba sucedido
que ai decir estirpacin
le acomod entripacin
y me cayeron sin ruido.

El recuerdo y el dolor
me duraron muchos das;
so con las heregas
que andaban por estirpar,
y peda siempre al resar
la estirpacin de mis tas.

Y dale siempre rosarios,
noche a noche y sin cesar;
dale siempre barajar
salves, trisagios y credos:
me aburr de esos enriedos
y al fin me mand mudar.

         XXII

Anduve como pelota
y ms pobre que una rata;
cuando empec a ganar plata
se arm no s qu barullo,
y yo dije: a tu tierra, grullo,
aunque sea con una pata.

Eran duros y bastantes
los aos que all pasaron;
con lo que ellos me ensearon
formaba mi capital;
cuando vine me enrolaron
en la Guardia Nacional.

Me haba ejercitao al naipe,
el juego era mi carrera;
hice alianza verdadera
y arregl una trapisonda
con el dueo de una fonda
que entraba en la peladera.

Me ocupaba con esmero
en floriar una baraja:
l la guardaba en la caja,
en paquetes, como nueva;
y la media arroba lleva
quien conoce la ventaja.

Comete un error inmenso
quien de la suerte presuma,
otro ms hbil lo fuma,
en un dos por tres lo pela;
y lo larga que no vuela
porque le falta una pluma.


Con un socio que lo entiende
se armaron partidas muy buenas;
queda all la plata agena,
quedan prendas y botones;
siempre cain a esas riuniones
sonzos con las manos llenas.

Hay muchas trampas legales,
recursos del jugador;
no cualquiera es sabedor
a lo que un naipe se presta:
con una cincha bien puesta
se la pega uno al mejor.

Deja a veces ver la boca
haciendo el que se descuida;
juega el otro hasta la vida,
y es siguro que se ensarta,
porque no muestra una carta
y tiene otra prevenida.

Al monte, las precauciones
no han de olvidarse jams;
debe afirmarse adems
los dedos para el trabajo,
y buscar asiento bajo
que le d la luz de atrs.

Pa tayar, tome la luz,
d la sombra al alversario,
acomdese al contrario
en todo juego cartiao:
tener ojo ejercitao
es siempre muy necesario.

El contrario abre los suyos,
pero nada ve el que es ciego;
dndol soga, muy luego
se deja pescar el tonto:
todo chapetn cree pronto
que sabe mucho en el juego.

Hay hombres muy inocentes
y gue a las carpetas van;
cuando asariados estn,
les pasa infintas veces,
pierden en puertas y en treses,
y dndols, mamarn.

El que no sabe, no gana
aunque ruegue a Santa Rita;
en la carpeta a un mulita
se le conoce al sentarse;
y conmigo, era matarse,
no podan ni a la manchita.


En el nueve y otros juegos
llevo ventaja no poca,
y siempre que dar me toca
el mal no tiene remedio
porque s sacar del medio
y sentar la de la boca.

En el truco, al ms pintao
sola ponerlo en apuro;
cuando aventajar procuro,
s tener, como fajadas,
tiro a tiro el as de espadas,
o flor, o envite seguro.

Yo se defender mi plata
y lo hago como el primero;
el que ha de jugar dinero
preciso es que no se atonte;
si se armaba una de monte,
tomuba parte el fondero.

Un pastel, como un paquete,
s llevarlo con limpieza;
dende que a salir empiezan
no hay carta que no recuerde:
s cul se gana o se pierde
en cuanto cain a ta mesa.

Tambin por estas jugadas
suele uno verse en aprietos;
mas yo no me comprometo
porque s hscerlo con arte,
y aunque les corra el descarte
no se descubre el secreto.

Si me llamaban al dao,
nunca me sola faltar
un cargado que largar,
un cruzao para el ms vivo;
y hasta atracarles un chivo
sin dejarlos maliciar.

Cargaba bien una taba
porque la s manejar;
no era manco en el billar,
y, por fin de lo que esplico,
digo que hasta con pichicos
era capaz de jugar.

Es un vicio de mal fin,
el de jugar, no lo niego;
todo el que vive del juego
anda a la pesca de un bobo,
y es sabido que es un robo
ponerse a jugarle a un ciego.


Y esto digo claramente
porque he dejao de jugar;
y les puedo asigurar,
como que fui del oficio:
ms cuesta aprender un vicio
que aprender a trabajar.

         XXIII

Un npoles mercachifle
que andaba con un arpista
cay tambin en la lista
sin dificult ninguna;
lo agarr a la treinta y una
y le daba bola vista.

Se vino haciendo el chiquito,
por sacarme esa ventaja;
en el pantano se encaja,
aunque robo se le haca:
le ceg Santa Luca
y desocup las cajas.

Lo hubieran visto afligido
llorar por las chucheras;
"ma gaao con picarda"
"deca el gringo y lagrimiaba,
mientras yo en un poncho alzaba
todita su merchera.

Qued all aliviao del peso
sollozando sin consuelo,
haba cido en el anzuelo
tal vez porque era domingo,
y esa calid de gringo
no tiene santo en el cielo.

Pero poco aprovech
de fatura tan lucida:
el diablo no se descuida,
y a m me segua la pista
un ato muy enredista
que era Oficial de partida.

Se me present a esigir
la multa en que haba incurrido,
que el juego estaba prohibido,
que iba a llevarme al cuartel;
tuve que partir con l
todo lo que haba alquirido.

Empec a tomarlo entre ojos
por esa albitraried:
yo haba ganao, es verd,
con recursos, eso s;
pero l me ganaba a m
fundao en su autorid.


Decan que por un delito
mucho tiempo anduvo mal;
un amigo servicial
lo compuso con el Juez,
y poco tiempo despus
lo pusieron de Oficial.

En recorrer el partido
continuamiente se empleaba,
ningun malevo agarraba,
pero tria en un carguero
gallinas, pavos, corderos
que por hi recoletaba.

No se deba permitir
el abuso a tal estremo:
mes a mes haca lo mesmo,
y ans deca el vecindario,
"este ato perdulario
"ha resucitado el diezmo".

La echaba de guitarrero
y hasta de concertador:
sentao en el mostrador
lo hall una noche cantando
y le dije: "co... mo. ... quiando
con ganas de ir un cantor".

Me ech el ato una mirada
que me quiso devorar;
mas no dej de cantar
y se hizo el desentendido,
pero ya haba conocido
que no lo poda pasar.

Una tarde que me hallaba
de visita... vino el ato,
y para darle un mal rato
dije fuerte "a... to... ribia
"no cebe con la agua tibia",
y me la entendi el mulato.

Era el todo en el Juzgao,
y como que se achoc
hi no ms me contest:
"Cuanto el caso se presiente
"te he de hacer tomar caliente
"y has de saber quin soy yo."

Por causa de una mujer
se enred ms la cuestin:
le tena el ato aflicin,
ella era mujer de ley,
moza con cuerpo de gey,
muy blanda de corazn.

La hall una vez de amasijo,
estaba hecha un embeleso,
y le dije: "Me intereso
"en aliviar sus quehaceres,
"y ans, seora, ai quiere
"yo le arrimar los gesos.

Estaba el ato presente,
sentado como de adorno;
por evitar un trastorno
ella, al ver que se dijusta,
me contest: "Si ust gusta
"arrmels junto al horno."

Ahi se enred la madeja
y su enemist conmigo;
se declar mi enemigo,
y por aquel cumplimiento
ya slo busc el momento
de hacerme dar un castigo.

Yo via que aquel maldito
me miraba con rencor,
buscando el caso mejor
de poderme echar el pial;
y no vive ms el lial
que lo que quiere el traidor.


No hay matrero que no caiga,
ni arisco que no se amanse;
ans yo, desde aquel lance
no sala de algn rincn,
tirao como el San Ramn
despus que se pasa el trance.

         XXIV

Me le escap con trabajo
en diversas ocasiones;
era de los adulones,
me puso mal con el Juez;
hasta que, al fin, una vez
me agarr en las eleciones.

Ricuerdo que esa ocasin
andaban listas diversas;
las opiniones dispersas
no se podan arreglar:
decian que el Juez, por triunfar,
haca cosas muy perversas.

Cuando se riuni la gente
vino a ploclamarla el ato;
diciendo, con aparato,
"que todo andara muy mal,
"si pretenda cada cual
"votar por un candilato".

Y quiso al punto quitarme
la lista que yo llev;
mas yo se la mesquin
y ya me grit... "Anarquista,
"has de votar por la lista
"que ha mandao el Comiqu."

Me dio vergenza de verme
tratado de esa manera;
y como si uno se altera
ya no es fcil de que ablande,
le dije "Mande el que mande
"yo he de votar por quien quiera".

"En las carpetas de juego
"y en la mesa eletoral
"a todo hombre soy igual;
"respeto al que me respeta
"pero el naipe y la boleta
"naides me lo ha de tocar."

Ahi no ms ya me cay
a sable la poleca;
aunque era una picarda
me decid a soportar,
y no los quise peliar
por no perderme, ese da.

Atravesao me agarr
y se aprovech aquel ato,
dende que sufr ese trato
no dentro donde no quepo:
fi a jinetiar en el cepo
por cuestin de candilatos.

Injusticia tan notoria
no la soport de flojo;
una venda de mis ojos

vino el suceso a voltiar:
vi que tenamos que andar
como perro con tramojo.

Dende aquellas eleciones
se sigui el batiburrillo;
aquel se volvi un ovillo
del que no haba ni noticia:
Es seora la justicia...
y anda en ancas del ms pillo!

         XXV

Despus de muy pocos das,
tal vez por no dar espera
y que alguno no se fuera,
hicieron citar la gente
pa riunir un contingente
y mandar a la frontera.

Se puso arisco el gauchaje;
la gente est acobardada;
sali la partida armada
y trujo como perdices
unos cuantos infelices
que entraron en la voltiada.


Deca el ato con soberbia:
"Esta es una gente indina;
"yo los rodi a la sordina,
"no pudieron escapar;
"y llevaba orden de arriar
"todito lo que camina."

Cuando vino el comendante
dijieron: "Dios nos asista!"
lleg y les clav la vista,
yo estaba hacindom el sonzo,
le ech a cada uno un responso
y ya lo plant en la lista.

"Cuadrte, le dijo a un negro,
te ests haciendo el chiquito
cuando sos el ms maldito
que se encuentra en todo el pago;
un servicio es el que te hago
y por eso te remito."

        A OTRO

"Vos no cuids tu familia
ni le das los menesteres;
visits otras mujeres
y es preciso, calabera,
que aprends en la frontera
a cumplir con tus deberes."

        A OTRO

"Vos tambin sos trabajoso;
cuando es preciso votar
hay que mandarte llamar
y siempre ands medio alzao,
sos un desubordinao
y yo te voy a filiar "

        A OTRO

"Cunto tiempo hace que vos
andas en este partido?
Cuntas veces has venido
a la citacin del Juez?
No te he visto ni una vez,
has de ser algn perdido."

        A OTRO

"Este es otro barullero
que pasa en la pulpera
predicando noche y da
y anarquizando a la gente;
irs en el contingente
por tamaa picarda."

        
    A OTRO

"Dende la anterior remesa
vos ands medio perdido;
la autorid no ha podido
jams hacerte votar:
cuando te mandan llamar
te pass a otro partido."

        A OTRO

"Vos siempre ands de florcita,
no tens renta ni oficio;
no has hecho ningn servicio,
no has votado ni una vez:
march... para que dejs
de andar haciendo perjuicio."

        A OTRO

"Dame vos tu papeleta,
yo te la voy a tener;
sta queda en mi poder,
despus la recogers,
y ans si te reserts
todos te pueden prender."

        A OTRO

"Vos, porque sos ecetuao
ya te quers sulevar;
no vinistes a votar
cuando hubieron eleciones:
no te valdrn eseciones,
yo te voy a enderezar."

Y a este por este motivo
y a otro por otra razn,
toditos, en conclusin,
sin que escapara ninguno,
fueron pasando uno a uno
a juntarse en un rincn.


Y all las pobres hermanas,
las madres y las esposas
redamaban cariosas
sus lgrimas, de dolor,
pero gemidos de amor
no remedian estas cosas.

Nada importa que una madre
se desespere o se queje;
que un hombre a su mujer deje
en el mayor desamparo;
hay que callarse, o es claro,
que lo quiebran por el eje.


Dentran despus a empearse
con este o aquel vecino;
y como en el masculino
el que menos corre vuela,
deben andar con cautela
las pobres, me lo imagino.

Muchas al Juez acudieron,
por salvar de la jugada;
l les hizo una cuerpiada,
y por mostrar su inocencia,
les dijo: "Tengan pacencia
"pues yo no puedo hacer nada."

Ante aquella autorid
permanecan suplicantes;
y despus de hablar bastante,
"yo me lavo, dijo el Juez,
"como Pilatos, los pies:
"esto lo hace el Comendante."

De ver tanto desamparo
el corazn se parta;
haba madre que sala
con dos, tres hijos o ms.
por delante y por detrs,
y las maletas vacas.

Dnde irn, pensaba yo,
a perecer de miseria?
Las pobres si de esta feria
hablan mal, tienen razn;
pues hay bastante materia
para tan justa aflicin.

         XXVI

Cuando me lleg mi turno
dije entre m: "Ya me toca!"
y aunque mi falta era poca,
no s porqu me asustaba;
les asiguro que estaba
con el Jess en la boca.

Me dijo que yo era un vago,
un jugador, un perdido;
que dende que fi al partido
andaba de picaflor;
que haba de ser un bandido
como mi antesucesor.

Puede que uno tenga un vicio,
y que de l no se reforme
mas naides est conforme
con recibir ese trato:
yo conoc que era el ato
quien le haba dao los informes.


Me dentr curiosid,
al ver que de esa manera
tan siguro me dijiera
que fue mi padre un bandido;
luego lo haba conocido,
y yo. ignoraba quin era.

Me empe en aviriguarlo;
promesas hice a Jess
tuve, por fin, una luz,
y supe con alegra
que era el autor de mis das
ei guapo sargento Cruz.

Yo conoca bien su historia
y la tena muy presente;
saba que Cruz bravamente,
yendo con una partida,
haba jugado la vida
por defender a un valiente.

Y hoy ruego a mi Dios piadoso
que lo mantenga en su gloria
se ha de conservar su historia
en el corazn del hijo:
l al morir me bendijo,
yo bendigo su memoria.

Yo jur tener enmienda
y lo consegu de veras;
puedo decir ande quiera
que si faltas he tenido
de todas me he corregido
dende que supe quin era.

El que sabe ser buen hijo
a los suyos se parece,
y aqul que a su lado crece
y a su padre no hace honor,
como castigo merece
de la desdicha el rigor.

Con un empeo costante
mis faltas supe enmendar;
todo consegu olvidar,
pero, por desgracia ma,
el nombre de Picarda
no me lo pude quitar.

Aqul que tiene buen nombre
muchos dijustos ahorra;
y entre tanta mazamorra
no olviden esta alvertencia:
aprend por esperencia
que el mal nombre no se borra.


        XXVII

He servido en la frontera,
en un cuerpo de milicias,
no por razn de justicia,
como sirve cualesquiera.

La bolilla me toc
de ir a pasar malos ratos
por la facult del ato,
que tanto me persigui.

Y sufr en aquel infierno
esa dura penitencia,
por una malaquerencia
de un oficial subalterno.

No repetir las quejas
de lo que se sufre all;
son cosas muy dichas ya
y hasta olvidadas de viejas.

Siempre el mesmo trabajar,
siempre el mesmo sacrificio,
es siempre el mesmo servicio,
y el mesmo nunca pagar.

Siempre cubiertos de harapos,
siempre desnudos y pobres;
nunca le pagan un cobre
ni le dan jams un trapo.

Sin sueldo y sin uniforme
lo pasa uno aunque sucumba;
confrmes con la tumba
y si no... no se conforme.

Pues si ust se ensoberbece
o no anda muy voluntario,
le aplican un novenario
de estacas... que lo enloquecen.

Andan como pordioseros,
sin que un peso los alumbre,
porque han tomao la costumbre
de deberle aos enteros.

Siempre hablan de lo que cuesta,
que all se gasta un platal;
pues yo no he visto ni un rial
en lo que dur la fiesta

Es servicio estrordinario
bajo el fusil y la vara
sin que sepamos qu cara
le ha dao Dios al comisario.


Pues si va a hacer la revista,
se vuelve como una bala,
es lo mesmo que luz mala
para perderse de vista.

Y de yapa cuando va,
todo parece estudiao:
va con meses atrasaos
de gente que ya no est.

Pues ni adrede que lo hagan
podrn hacerlo mejor:
cuando cai, cai con la paga
del contingente anterior.

Porque son como sentencia
para buscar al ausente,
y el pobrc que est presente
que perezca en la indigencia.

Hasta que tanto aguantar
el ligor con que lo tratan,
o se resierta o lo matan,
o lo largan sin pagar.

De ese modo es el pastel
porque el gaucho... ya es un hecho,
no tiene ningn derecho,
ni naides vuelve por l.

La gente vive marchita!
Si viera, cuando echan tropa,
les vuela a todos la ropa
que parecen banderitas.

De todos modos lo cargan
y al cabo de tanto andar,
cuando lo largan, lo largan
como pa echarse a la mar.

Si alguna prenda le han dao,
se la vuelven a quitar:
poncho, caballo, recao,
todo tiene que dejar.

Y esos pobres infelices,
al volver a su destino.
salen como unos Longinos
sin tener con que cubrirse.

A m me daba congojas
el mirarlos de ese modo,
pues el ms aviao de todos
es un perejil sin hojas.

Aura poco ha sucedido,
con un invierno tan crudo,
largarlos a pie y desnudos
pa volver a su partido.


Y tan duro es lo que pasa,
que en aquella situacin
les niegan un mancarrn
para volver a su casa.

Lo tratan como a un infiel!
Completan su sacrificio
no dndol ni un papel
que acredite su servicio.

Y tiene que regresar
ms pobre de lo que jue,
por supuesto a la merc
del que lo quiere agarrar.

Y no averige despus
de los bienes que dej:
de hambre, su mujer vendi
por dos lo que vale diez.

Y como estn convenidos
a jugarle manganeta,
a reclamar no se meta
porque ese es tiempo perdido.

Y luego, si a alguna estancia
a pedir carne se arrima,
al punto le cain encima
con la ley de la vagancia.

Y ya es tiempo, pienso yo,
de no dar mas contingente;
si el Gobierno quiere gente,
que la pague y se acab.

Y saco ans en conclusin,
en medio de mi inorancia,
que aqu el nacer en estancia
es como una maldicin.

Y digo, aunque no me cuadre,
decir lo que naides dijo:
la Provincia es una madre
que no defiende a sus hijos.

Mueren en alguna loma
en defensa de la ley,
o andan lo mesmo que el gey,
arando pa que otros coman.

Y he de decir ans mismo
porque de adentro me brota,
que no tiene patriotismo
quien no cuida al compatriota.

         XXVIII

Se me va por donde quiera
esta lengua del demonio:
voy a darles testimonio
de lo que vi en la frontera.
Yo s que el nico modo
a fin de pasarlo bien,
es decir a todo amn
y jugarle risa a todo.

El que no tiene colchn
en cualquier parte se tiende;
el gato busca el jogn
y se es mozo que lo entiende.

De aqu comprenderse debe,
aunque yo hable de este modo,
que uno busca su acomodo
siempre, lo mejor que puede.

Lo pasaba como todos
este pobre penitente,
pero sal de asistente
y mejor en cierto modo.

Pues aunque esas privaciones
causen desesperacin
siempre es mejor el jogn
de aqul que carga galones.

De entonces en adelante
algo logr mejorar,
pues supe hacerme lugar
al lado del ayudante.

El se daba muchos aires;
pasaba siempre leyendo;
decan que estaba aprendiendo
pa recebirse de fraile.

Aunque lo pifiaban tanto,
jams lo vi disgustao;
tena los ojos paraos
como los ojos de un Santo.

Muy delicao, dorma en cuja,
y no s por qu sera,
la gente lo aborreca
y le llamaban LA BRUJA.

Jams hizo otro servicio
ni tuvo ms comisiones
que recebir las raciones
de vveres y de vicios.

Yo me pas a su jogn
al punto que me sac,
y ya con l me llev
a cumplir su comisin.

Estos diablos de milicos
de todo sacan partido:
cuando nos van riunidos
se limpiaban los hocicos.


Y decan en los jogones
como por chocarrera:
"con la Bruja y Picarda
"van a andar bien las raciones".

A mi no me jue tan mal,
pues mi oficial se arreglaba
les dir lo que pasaba
sobre este particular.

Decan que estaban de acuerdo
la Bruja y el provedor
y que receba lo pior...
puede ser, pues no era lerdo.

Que a ms en la cantid
pegaba otro dentelln,
y que por cada racin
le entregaban la mit.

Y que esto lo haca del modo
como lo hace un hombre vivo:
firmando luego el recibo
ya se sabe, por el todo.

Pero esas murmuraciones
no faltan en campamento;
djenm seguir mi cuento,
o historia de las racioncs.

La Bruja las receba
como se ha dicho, a su modo;
las cargbamos, y todo
se entriega en la mayora.

Sacan all en abundancia
lo que Ies toca sacar,
y es justo que han de dejar
otro tanto de ganancia.

Van luego a la compaa,
las recibe el comendante,
el que de un modo abundante
sacaba cuanto quera.

Ans la cosa liviana,
va mermada por supuesto;
luego se le entrega el resto
al oficial de semana.
Araa, quin te ara?
Otra araa como yo.

Este le pasa al sargento
aqullo tan reducido,
y como hombre prevenido
saca siempre con aumento.

Esta relacin no acabo
si otra menudencia ensarto;
el sargento llama al cabo
para encargarle el reparto.
El tambin saca primero
y no se sabe turbar:
naides le va a aviriguar
si ha sacado ms o menos.

Y sufren tanto bocao
y hacen tantas estaciones,
que ya casi no hay raciones
cuando llegan al soldao.

Todo es como pan bendito!
y sucede, de ordinario,
tener que juntarse varios
para hacer un pucherito.

Dicen que las cosas van
con arreglo a la ordenanza;
puede ser, pero no alcanzan,
tan poquito es lo que dan!

Algunas veces, yo pienso,
y es muy justo que lo diga,
slo llegaban las migas
que haban quedao en los lienzos.

Y esplican aquel infierno,
en que uno est medio loco,
diciendo que dan tan poco
porque no paga el Gobierno.

Pero eso yo no lo entiendo,
ni aviriguarlo me meto;
soy inorante completo;
nada olvido y nada apriendo.

Tiene uno que soportar
el tratamiento ms vil:
a palos en lo civil,
a sable en lo militar.

El vistuario, es otro infierno;
si lo dan, llega a sus manos
en invierno el de verano
y en el verano el de invierno.

Y yo el motivo no encuentro,
ni la razn que esto tiene;
mas dicen que eso ya viene
arreglao dende adentro.

Y es necesario aguantar
el rigor de su destino:
el gaucho no es argentino
sin pa hacerlo matar.

Ans ha de ser, no lo dudo,
y por eso deca un tonto:
"si los han de matar pronto,
"mejor es que estn desnudos."


Pues esa miseria vieja
no se remedia jams;
todo el que viene detrs
como la encuentra la deja.

Y se hallan hombres tan malos
que dicen de buena gana:
"El gaucho es como la lana
se limpia y compone a palos."

Y es forzoso el soportar
aunque la copa se enllene:
parece que el gaucho tiene
algun pecao que pagar.

         XXIX

Esto cont Picarda
y despus guard silencio
mientras todos celebraban
con placer aquel encuentro.

Mas una casualid,
como que nunca anda lejos,
entre tanta gente blanca
llev tambin a un moreno,
presumido de cantor
y que se tena por bueno.

Y como quien no hace nada,
o se descuida de intento
(pues siempre es muy conocido
todo aqul que busca pleito),
se sent con toda calma,
y ya le peg un rajido;
era fantstico el negro,
y para no dejar dudas
medio se compuso el pecho.

Todo el mundo conoci
la intencin de aquel moreno:
era claro el desafo
dirigido a Martn Fierro,
hecho con toda arrogancia,
de un modo muy altanero.

Tom Fierro la guitarra,
pues siempre se halla dispuesto,
y ans cantaron los dos
en medio de un gran silencio:

         XXX

      MARTIN FIERRO

Mientras suene el encordao
mientras encuentre el comps,
yo no he de quedarme atrs
sin defender la parada;
y he jurado que jams
me la han de llevar robada.
Atiendan, pues, los oyentes
y cyensn los mirones;
a todos pido perdones
pues a la vista resalta
que no est libre de falta
quien no est de tentaciones.

A un cantor le llaman bueno,
cuando es mejor que los piores;
y sin ser de los mejores
encontrndos dos juntos
es deber de los cantores
el cantar de contrapunto.

El hombre debe mostrarse
cuando la ocasin le llegue;
hace mal el que se niegue
dende que lo sabe hacer,
y muchos suelen tener
vanagloria en que los rueguen.

Cuando mozo fui cantor
-es una cosa muy dicha-
mas la suerte se encapricha
y me persigue costante:
de ese tiempo en adelante
cant mis propias desdichas.

Y aquellos aos dichosos
tratar de recordar;
ver si puedo olvidar
tan desgraciada mudanza,
y quien se tenga confianza
tiemple y vamos a cantar.

Tiemple y cantaremos juntos,
trasnochadas no acobardan;
los concurrentes aguardan,
y porque el tiempo no pierdan,
haremos gemir las cuerdas
hasta que las velas no ardan.

Y el cantor que se presiente,
que tenga o no quien lo ampare,
no espere que yo dispare
aunque su saber sea mucho;
vamos en el mesmo pucho
a prenderle hasta que aclare.

Y seguiremos si gusta,
hasta que se vaya el da;
era la costumbre ma
cantar las noches enteras:
haba entonces dondequiera
cantores de fantasa.


Y si alguno no se atreve
a seguir la caravana,
o si cantando no gana,
se lo digo sin lisonja:
haga sonar una esponja
o ponga cuerdas de lana.


       EL MORENO

Yo no soy, seores mos,
sin un pobre guitarrero;
pero doy gracias al cielo
porque puedo, en la ocasin,
toparme con un cantor
que esperimente a este negro.

Yo tambin tengo algo blanco,
pues tengo blancos los dientes;
s vivir entre las gentes
sin que me tengan en menos:
quien anda en pagos agenos
debe ser manso y prudente.

Mi madre tuvo diez hijos,
los nueve muy regulares;
tal vez por eso me ampare
la Providencia divina:
en los gevos de gallina
el dcimo es el ms grande.

El negro es muy amoroso,
aunque de esto no hace gala;
nada a su cario iguala
ni a su tierna volunt;
es lo mesmo que el mac:
cra los hijos bajo el ala.

Pero yo he vivido libre
y sin depender de naides;
siempre he cruzado los aires
como el pjaro sin nido;
cuanto s lo he aprendido
porque me lo ense un flaire.

Y se como cualquier otro
el porqu retumba el trueno
por qu son las estaciones
del verano y del invierno;
s tambin de dnde salen
las aguas que cain del cielo.

Yo s lo que hay en la tierra
en llegando al mesmo centro;
en dnde se encuentra el oro,
en dnde se encuentra el fierro,
y en dnde viven bramando
los volcanes que echan juego.


Yo s del fondo del mar
donde los pejes nacieron;
yo s por qu crece el rbol
y por qu silban los vientos,
cosas que inoran los blancos
las sabe este pobre negro.

Yo tiro cuando me tiran,
cuando me aflojan, aflojo;
no se ha de morir de antojo
quien me convide a cantar:
para conocer a un cojo
lo mejor es verlo andar.

Y si una falta cometo
en venir a esta riunin
echndol de cantor,
pido perdn en voz alta,
pues nunca se halla una falta
que no esista otra mayor.

De lo que un cantor esplica
no falta que aprovechar,
y se le debe escuchar
aunque sea negro el que cante:
apriende el que es inorante,
y el que es sabio, apriende ms.

Bajo la frente ms negra
hay pensamiento y hay vida;
la gente escuche tranquila,
no me haga ningn reproche:
tambin es negra la noche
y tiene estrellas que brillan.

Estoy, pues, a su mandao,
empiece a echarme la sonda
si gusta que le responda,
aunque con lenguaje tosco:
en leturas no conozco
la jota por ser redonda.


      MARTIN FERRO

Ah negro! Si sos tan sabio
no tengs ningn recelo:
pero has tragao el anzuelo
y, al comps del estrumento,
has de decirme al momento
cul es el canto del cielo.


       EL MORENO

Cuentan que de mi color
Dios hizo al hombre primero;
mas los blancos altaneros,
los mesmos que lo convidan,
hasta de nombrarlo olvidan
y slo le llaman negro.
Pinta el blanco negro al diablo,
y el negro, blanco lo pinta;
blanca la cara o retinta,
no habla en contra ni en favor:
de los hombres el Criador
no hizo dos clases distintas.

Y despus de esta alvertencia,
que al presente viene a pelo,
ver, seores, si puedo,
sign mi escaso saber,
con clarid responder
cul es el canto del cielo.

Los cielos lloran y cantan
hasta en el mayor silencio;
lloran cuando cin las aguas
cantan al silbar los vientos,
lloran cuando cin las aguas
cantan cuando brama el trueno.


      MARTIN FIERRO

Dios hizo al blanco y al negro
sin declarar los mejores;
les mand iguales dolores
bajo de una mesma cruz;
mas tambin hizo la luz
pa distinguir los colores.

Ans ninguno se agravie;
no se trata de ofender,
a todo se ha de poner
el nombre con que se llama
y a naides le quita fama
lo que recibi al nacer.

Y ans me gusta un cantor
que no se turba ni yerra;
y si en tu saber se encierra
el de los sabios projundos,
decime cul en el mundo
es el canto de la tierra.


       EL MORENO

Es pobre mi pensamiento,
es escasa mi razn,
mas pa dar contestacin
mi inorancia no me arredra:
tambin da chispas la piedra
si la glpea el eslabn.

Y le dar una respuesta
sign mis pocos alcances:
forman un canto en la tierra
el dolor de tanta madre,
el gemir de los que mueren
y el llorar de los que nacen.
      MARTIN FIERRO

Moreno, alvierto que trais
bien dispuesta la garganta
sos varn, y no me espanta
verte hacer esos primores:
en los pjaros cantores
slo el macho es el que canta.

Y ya que al mundo vinistes
con el sino de cantar,
no te vays a turbar,
no te agrandes ni te achiques:
es preciso que me espliques
cul es el canto del mar.


       EL MORENO

A los pjaros cantores
ninguno imitar pretiende;
de un don que de otro depende
naides se debe alabar,
pues la urraca apriende a hablar
pero slo la hembra apriende.

Y aydam ingenio mo
para ganar esta apuesta;
mucho el contestar me cuesta
pero debo contestar:
voy a decirle en respuesta
cual es el canto del mar.

Cuando la tormenta brama,
el mar que todo lo encierra
canta de un modo que aterra,
como si el mundo temblara;
parece que se quejara
de que lo estreche la tierra.


      MARTIN FIERRO

Toda tu sabidura
has de mostrar esta vez;
ganars slo que ests
en vaca con algn canto:
la noche tiene su canto,
y me has de decir cul es.


       EL MORENO

No galope, que hay augeros,
le dijo a un guapo un prudente;
le contesto humildemente:
la noche por cantos tiene
esos ruidos que uno siente
sin saber de dnde vienen.


Son los secretos misterios
que las tinieblas esconden;
son los ecos que responden
a la voz del que da un grito,
como un lamento infinito
que viene no s de dnde.

A las sombras slo el sol
las penetra y las impone;
en distintas direciones
se oyen rumores inciertos:
son almas de los que han muerto,
que nos piden oraciones.


      MARTIN FIERRO

Moreno, por tus respuestas
ya te aplico el cartabn,
pues tens desposicin
y sos estruido de yapa;
ni las sombras se te escapan
para dar esplicacin.

Pero cumple su deber
el leal diciendo lo cierto,
y por lo tanto te alvierto
que hemos de cantar los dos,
dejando en la paz de Dios
las almas de los que han muerto.

Y el consejo del prudente
no hace falta en la partida;
siempre ha de ser comedida
la palabra de un cantor:
y ura quiero que me digas
de dndc nace el amor.


       EL MORENO

A pregunta tan escura
tratar de responder,
aunque es mucho pretenter
de un pobre negro de estancia;
mas conocer su inorancia
es principio del saber.

Ama el pjaro en los aires
que cruza por donde quiera,
y si al fin de su carrera
se asienta en alguna rama,
con su alegre canto llama
a su amante compaera.

La fiera ama en su guarida,
de la que es rey y seor;
all lanza con furor
esos bramidos que espantan,
porque las fieras no cantan:
las fieras braman de amor.
Ama en el fondo del mar
el pez de lindo color:
ama el hombre con ardor,
ama todo cuanto vive;
de Dios vida se recibe,
y donde hay vida, hay amor.


      MARTIN FIERRO

Me gusta, negro ladino,
lo que acabs de esplicar;
ya te empiezo a respetar,
aunque al principio me ri,
y te quiero preguntar
lo que entends por la ley.


       EL MORENO

Hay muchas dotoreras
que yo no puedo alcanzar;
dende que aprend a inorar
de ningn saber me asombro;
mas no ha de llevarme al hombro
quien me convide a cantar.

Yo no soy cantor ladino
y mi habilid es muy poca;
mas cuando cantar me toca
me defiendo en el combate,
porque soy como los mates:
sirvo si me abren la boca.

Dende que elige a su gusto,
lo ms espinoso elige;
pero esto poco me aflige,
y le contesto a mi modo;
la ley se hace para todos,
mas slo al pobre le rige.

La ley es tela de araa,
en mi inorancia lo esplico:
no la tema el hombre rico,
nunca la tema el que mande,
pues la ruempe el bicho grande
y slo enrieda a los chicos.

Es la ley como la lluvia:
nunca puede ser pareja;
el que la aguanta se queja,
pero el asunto es sencillo,
la ley es como el cuchillo:
no ofiende a quien lo maneja.

Le suelen llamar espada,
y el nombre le viene bien;
los que la gobiernan ven
a dnde han de dar el tajo:
le ci al que se halla abajo
y corta sin ver a quin.
Hay muchos que son dotores,
y de su cencia no dudo;
mas yo soy un negro rudo,
y, aunque de esto poco entiendo,
estoy diariamente viendo
que aplican la del embudo.


      MARTIN FIERRO

Moreno, vuelvo a decirte:
ya conozco tu medida;
has aprovechao la vida
y me alegro de este encuentro;
ya veo que tens adentro
capital pa esta partida.

Y ura te voy a decir,
porque en mi deber est,
y hace honor a la verd
quien a la verd se duebla,
que sos por juera tinieblas
y por dentro clarid.

No ha de decirse jams
que abus de tu pacencia;
y en justa correspondencia,
si algo quers preguntar,
pods al punto empezar,
pues ya tens mi licencia.


       EL MORENO


No te trabs, lengua ma,
no te vayas a turbar;
nadie acierta antes de errar
y, aunque la rama se juega,
el que por gusto navega
no debe temerle al mar.

Voy a hacerle mis preguntas,
ya que a tanto me convida;
y vencer en la partida
si una esplicacin me da
sobre el tiempo y la medida,
el peso y la cantid.

Suya ser la vitoria
si es que sabe contestar;
se lo debo declarar
con clarid, no se asombre,
pues hasta ura ningn hombre
me lo ha sabido esplicar.


Quiero saber y lo inoro,
pues en mis libros no est,
y su respuesta vendr
a servirme de gobierno:
para qu fin el Etemo
ha criado la cantid.


      MARTIN FIERRO

Moreno, te dejs cir
como carancho en su nido;
ya veo que sos prevenido,
mas tambin estoy dispuesto;
veremos si te contesto
y si te das por vencido.

Uno es el sol, uno el mundo.
sola y nica es la luna;
ans, han de saber que Dios
no cri cantid ninguna.
El ser de todos los seres
slo form la unid;
lo dems lo ha criado el hombre
despus que aprendi a contar.


       EL MORENO

Veremos si a otra pregunta
da una respuesta cumplida:
el ser que ha criado la vida
lo ha de tener en su archivo,
mas yo inoro qu motivo
tuvo al formar la medida.


          MARTIN FIERRO

Escuch con atencin
lo que en mi inorancia arguyo:
Ia medida la invent
el hombre para bien suyo.
Y la razn no te asombre,
pues es fcil presumir:
Dios no tena que medir
sino la vida del hombre.


       EL MORENO

Si no falla su saber
por vencedor lo confieso;
debe aprender todo eso
quien a cantar se detique;
y ura quiero que me esplique
lo que sinifica el peso.


   
   MARTIN FIERRO

Dios guarda entre sus secretos
el secreto que eso encierra,
y mand que todo peso
cayera siempre a la tierra;
y sign compriendo yo,
dende que hay bienes y males,
fue el peso para pesar
las culpas de los mortales.


       EL MORENO

Si responde a esta pregunta
tngas por vencedor;
doy la derecha al mejor;
y respndam al momento:
cundo form Dios el tiempo
y por qu lo dividi.


      MARTIN FIERRO

Moreno, voy a decir
sign mi saber alcanza;
el tiempo slo es tardanza
de lo que est por venir;
no tuvo nunca principio
ni jams acabar,
porque el tiempo es una rueda,
y rueda es eternid;
y si el hombre lo divide
slo lo hace, en mi sentir,
por saber lo que ha vivido
o le resta que vivir.

Ya te he dado mis respuestas,
mas no gana quien despunta:
si tens otra pregunta
o de algo te has olvidao,
siempre estoy a tu mandao
para sacarte de dudas.

No procedo por soberbia
ni tampoco por jatancia,
mas no ha de faltar costancia
cuando es preciso luchar;
y te convido a cantar
sobre cosas de la Estancia.

Ans prepar, moreno,
cuanto tu saber encierre;
y sin que tu lengua yerre,
me has de decir lo que empriende
el que del tiempo depende,
en los meses que train erre.



       EL MORENO

De la inorancia de naides
ninguno debe abusar;
y aunque me puede doblar
todo el que tenga ms arte,
no voy a ninguna parte
a dejarme machetiar.

He reclarao que en leturas
soy redondo como jota;
no avergence mi redota,
pues con clarid le digo:
no me gusta que conmigo
naides juege a la pelota.

Es buena ley que el ms lerdo
debe perder la carrera;
ans le pasa a cualquiera,
cuando en competencia se halla
un cantor de media talla
con otro de talla entera.

No han visto en medio del campo
al hombre que anda perdido,
dando geltas afligido
sin saber dnde rumbiar?
Ans le suele pasar
a un pobre cantor vencido.

Tambin los rboles crugen
si el ventarrn los azota;
y si aqu mi queja brota
con amargura, consiste
en que es muy larga y muy triste
la noche de la redota.

Y dende hoy en adelante,
pongo de testigo al cielo
para decir sin recelo
que, si mi pecho se inflama,
no cantar por la fama
sin por buscar consuelo.

Vive ya desesperado
quien no tiene que esperar;
a lo que no ha de durar
ningun cario se cobre:
alegras en un pobre
son anuncios de un pesar.

Y este triste desengao
me durar mientras viva;
aunque un consuelo reciba
jams he de alzar el vuelo;
quien no nace para el cielo
de balde es que mire arriba.


Y suplico a cuantos me oigan
que me permitan decir
que al decidirme a venir
no slo jue por cantar,
sin porque tengo a ms
otro deber que cumplir.

Ya saben que de mi madre
fueron diez los que nacieron;
mas ya no esiste el primero
y ms querido de todos:
muri, por injustos modos,
a manos de un pendenciero.

Los nueve hermanos restantes
como grfanos quedamos;
dende entonces lo lloramos
sin consuelo, cranmenl,
y al hombre que lo mat
nunca jams lo encontramos.

Y queden en paz los gesos
de aquel hermano querido;
a moverlos no he venido,
mas, si el caso se presienta,
espero en Dios que esta cuenta
se arregle como es debido.

Y si otra ocasin payamos
para que esto se complete,
por mucho que lo respete
cantaremos, si le gusta,
sobre las muertes injustas
que algunos hombres cometen.

Y aqu, pues, seores mos,
dir, como en despedida,
que todava andan con vida
Ios hermanos del dijunto,
que recuerdan este asunto
y aquella muerte no olvidan.

Y es misterio tan projundo
lo que est por suceder,
que no me debo meter
a echarla aqu de adivino:
lo que decida el destino
despus lo habrn de saber.


      MARTIN FIERRO

Al fin cerrastes el pico
despus de tanto charlar;
ya empesaba a maliciar
al verte tan entonao,
que trias un embuchao
y no lo queras largar.


Y ya que nos conocemos,
basta de conversacin;
para encontrar la ocasin
no tienen que darse priesa:
ya conozco yo que empiesa
otra clase de juncin.

Yo no s lo que vendr,
tampoco soy adivino;
pero firme en mi camino
hasta el fin he de seguir:
todos tienen que cumplir
con la ley de su destino.

Primero fue la frontera
por persecucin de un juez,
los indios fueron despus,
y, para nuevos estrenos,
ahora son estos morenos
pa alivio de mi vejez.

La madre ech diez al mundo,
lo que cualquiera no hace;
y tal vez de los diez pase
con iguales condiciones:
la mulita pare nones,
todos de la mesma clase.

A hombre de humilde color
nunca s facilitar;
cuando se llega a enojar
suele ser de mala entraa;
se vuelve como la araa,
siempre dispuesta a picar.

Yo he conocido a toditos
los negros ms peliadores;
haba algunos superiores
de cuerpo y de vista... aijuna!
Si vivo, les dar una...
historia de las mejores.

Mas cada uno ha de tirar
en el yugo en que se vea;
yo ya no busco peleas,
las contiendas no me gustan;
pero ni sombras me asustan
ni bultos que se menean.

La cria ya desollada,
mas todava falta el rabo,
y por lo visto no acabo
de salir de esta jarana;
pues esto es lo que se llama
remachrsel a uno el clavo.

         XXXI

Y despus de estas palabras,
que ya la intencin revelan,
procurando los presentes
que no se armara pendencia,
se pusieron de por medio
y la cosa qued quieta.
Martn Fierro y los muchachos,
evitando la contienda,
montaron y paso a paso
como el que miedo no lleva,
a la costa de un arroyo
llegaron a echar pie a tierra.
Desensillaron los pingos
y se sentaron en rueda,
refirindose entre s
infinitas menudencias,
porque tiene muchos cuentos
y muchos hijos la ausencia.
All pasaron la noche
a la luz de las estrellas,
porque se es un cortinao
que lo halla uno donde quiera,
y el gaucho sabe arreglarse
como ninguno se arregla.
El colchn son las caronas,
el lomillo es cabecera,
el coginillo es blandura,
y con el poncho o la jerga,
para salvar del roco
se cubre hasta la cabeza.
Tiene su cuchillo al lado,
pues la precaucin es buena;
freno y rebenque a la mano,
y, teniendo el pingo cerca,
que pa asigurarlo bien
la argolla del lazo entierra
(aunque el atar con el lazo
da del hombre mala idea),
se duerme ans muy tranquilo
todita la noche entera;
y si es lejos del camino,
como manda la prudencia,
ms siguro que en su rancho
uno ronca a pierna suelta,
pues en el suelo no hay chinches,
y es una cuja camera
que no ocasiona disputas
y que naides se la niega.
Adems de eso, una noche
la pasa uno como quiera,
y las va pasando todas
haciendo la mesma cuenta.
Y luego los pajaritos
al aclarar, lo dispiertan,
porque el sueo no lo agarra
a quien sin cenar se acuesta.
Ans, pues, aquella noche
jue para ellos una fiesta
pues todo parece alegre
cuando el corazn se alegra.
No pudiendo vivir juntos
por su estado de pobreza
resolvieron separarse,
y que cada cual se juera
a procurarse un refujio
que aliviara su miseria.
Y antes de desparramarse
para empezar vida nueva,
en aquella soled
Martn Fierro con prudencia,
a sus hijos y al de Cruz
les habl de esta manera:

        XXXII

Un padre que da consejos
ms que padre es un amigo;
ans, como tal les digo
que vivan con precaucin:
naides sabe en qu rincn
se oculta el que es su enemigo.

Yo nunca tuve otra escuela
que una vida desgraciada;
no estraen si en la jugada
alguna vez me equivoco,
pues debe saber muy poco
aqul que no aprendi nada.

Hay hombres que de su cencia
tienen la cabeza llena;
hay sabios de todas menas,
mas digo, sin ser muy ducho:
es mejor que aprender mucho
el aprender cosas buenas.

No aprovechan los trabajos
si no han de ensearnos nada;
el hombre, de una mirada
todo ha de verlo al momento:
el primer conocimiento
es conocer cundo enfada.

Su esperanza no la cifren
nunca en corazn alguno;
en el mayor infortunio
pongan su confianza en Dios;
de los hombres, slo en uno,
con gran precaucin, en dos.

Las faltas no tienen lmites
como tienen los terrenos,
se encuentran en los ms buenos
y es justo que les prevenga:
aquel que defetos tenga
disimule los agenos.

Al que es amigo, jams
lo dejen en la estacada;
pero no Ie pidan nada
ni lo aguarden todo de l:
siempre el amigo ms fiel
es una conduta honrada.


Ni el miedo ni la codicia
es bueno que a uno lo asalten,
ans, no se sobresalten
por los bienes que perezcan;
al rico nunca le ofrezcan
y al pobre jams le falten.

Bien lo pasa hasta entre pampas
el que respeta a la gente;
el hombre ha de ser prudente
para librarse de enojos;
cauteloso entre los flojos,
moderado entre valientes.

El trabajar es la ley,
porque es preciso alquirir;
no se espongan a sufrir
una triste situacin:
sangra mucho el corazn
del que tiene que pedir.

Debe trabajar el hombre
para ganarse su pan;
pues la miseria, en su afn
de perseguir de mil modos,
Ilama en la puerta de todos
y entra en la del haragn.

A ningn hombre amenacen
porque naides se acobarda;
poco en conocerlo tarda
quien amenaza imprudente,
que hay un peligro presente
y otro peligro se aguarda.

Para vencer un peligro,
salvar de cualquier abismo,
por esperencia lo afirmo:
mas que el sable y que la lanza
suele servir la confianza
que el hombre tiene en si mismo.

Nace el hombre con la astucia
que ha de servirle de gua;
sin ella sucumbira;
pero, sign mi esperencia,
se vuelve en unos prudencia
y en los otros picarda.

Aprovecha la ocasin
el hombre que es diligente;
y tnganl bien presente
si al compararla no yerro:
la ocasin es como el fierro,
se ha de machacar caliente.


Muchas cosas pierde el hombre
que a veces las vuelve a hallar;
pero les debo ensear,
y es bueno que lo recuerden:
si la vergenza se pierde
jams se vuelve a encontrar.

Los hermanos sean unidos,
porque sa es la ley primera;
tengan unin verdadera
en cualquier tiempo que sea,
porque si entre ellos pelean
los devoran los de ajuera.

Respeten a los ancianos,
el burlarlos no es hazaa;
si andan entre gente estraa
deben ser muy precavidos,
pues por igual es tenido
quien con malos se acompaa.

La cigea, cuando es vieja
pierde la vista, y procuran
cuidarla en su ed madura
todas sus hijas pequeas:
apriendan de las cigeas
este ejemplo de ternura.

Si les hacen una ofensa,
aunque la echen en olvido
vivan siempre prevenidos;
pues ciertamente sucede
que hablar muy mal de ustedes
aqul que los ha ofendido.

El que obedeciendo vive
nunca tiene suerte blanda;
mas con su soberbia agranda
el rigor en que padece:
obedezca el que obedece
y ser bueno el que manda.

Procuren de no perder
ni el tiempo ni la vergenza;
como todo hombre que piensa
procedan siempre con juicio,
y sepan que ningn vicio
acaba donde comienza.

Ave de pico encorvado
le tiene al robo aficin;
pero el hombre de razn
no roba jams un cobre,
pues no es vergenza ser pobre
y es vergenza ser ladrn.


El hombre no mate al hombre
ni pele por fantasa;
tiene en la desgracia ma
un espejo en que mirarse:
saber el hombre guardarse
es la gran sabidura.

La sangre que se redama
no se olvida hasta la muerte;
la impresin es de tal suerte,
que a mi pesar, no lo niego,
ci como gotas de fuego
en la alma del que la vierte.

Es siempre, en toda ocasin,
el trago el pior enemigo;
con cario se los digo,
recurdenl con cuidado:
aqul que ofiende embriagado
merece doble castigo.

Si se arma algn revolutis
siempre han de ser los primeros;
no se muestren altaneros
aunque la razn les sobre:
en la barba de los pobres
aprienden pa ser barberos.

Si entriegan su corazn
a alguna mujer querida,
no le hagan una partida
que la ofienda a la mujer:
siempre los ha de perder
una mujer ofendida.

Procuren, si son cantores,
el cantar con sentimiento,
no tiemplen el estrumento
por solo el gusto de hablar,
y acostmbrens a cantar
en cosas de jundamento.

Y les doy estos consejos,
que me ha costado alquirirlos,
porque deseo dirijirlos;
pero no alcanza mi cencia
hasta darles la prudencia
que precisan pa seguirlos.

Estas cosas y otras muchas,
medit en mis soledades;
sepan que no hay falsedades
ni error en estos consejos:
es de la boca de un viejo
de ande salen las verdadcs.

  
      XXXIIl

Despus a los cuatro vientos
los cuatro se dirijieron;
una promesa se hicieron
que todos deban cumplir;
mas no la puedo decir,
pues secreto prometieron.

Les advierto solamente
y esto a ninguno le asombre
pues muchas veces el hombre
tiene que hacer de ese modo
convinieron entre todos
en mudar all de nombre.

Sin ninguna intencin mala
lo hicieron, no tengo duda;
pero es la verd desnuda,
siempre suele suceder:
aqul que su nombre muda
tiene culpas que esconder.

Y ya dejo el estrumento
conque he divertido a ustedes;
todos conocerlo pueden
que tuve costancia suma:
ste es un botn de pluma
que no hay quien lo desenriede.

Con mi deber he cumplido
y ya he salido del paso:
pero dir, por si acaso,
pa que me entiendan los criollos:
todava me quedan rollos
por si se ofrece dar lazo.

Y con esto me despido
sin espresar hasta cundo:
siempre corta por lo blando
el que busca lo siguro;
mas yo corto por lo duro,
y ans he de seguir cortando.
Vive el guila en su nido,
el tigre vive en la selva,
el zorro en la cueva agena,
y, en su destino incostante,
slo el gaucho vive errante
donde la suerte lo lleva.


Es el pobre en su orfand
de la fortuna el desecho
porque naides toma a pechos
el defender a su raza;
debe el gaucho tener casa
escuela, iglesia y derechos.

Y han de conclur algn da
estos enriedos malditos;
la obra no la facilito
porque aumentan el fandango
los que estn, como el chimango,
sobre el cuero y dando gritos.

Mas Dios ha de permitir
que esto llegue a mejorar,
pero se ha de recordar
para hacer bien el trabajo
que el fuego, pa calentar,
debe ir siempre por abajo.

En su ley est el de arriba
si hace lo que le aproveche;
de sus favores sospeche
hasta el mesmo que lo nombra:
siempre es daosa la sombra
del rbol que tiene leche.

Al pobre al menor descuido
lo levantan de un sogazo;
pero yo compriendo el caso
y esta consecuencia saco:
el gaucho es el cuero flaco,
da los tientos para el lazo.

Y en lo que esplica mi lengua
todos deben tener fe;
ans, pues, entindanm,
con codicias no me mancho:
no se ha de llover el rancho
en donde este libro est.

Permtanm descansar,
pues he trabajado tanto!
En este punto me planto
y a continuar me resisto;
stos son treinta y tres cantos,
que es la mesma ed de Cristo.
Y gualden estas palabras
que les digo al terminar:
en mi obra he de continuar
hasta drsel concluida,
si el ingenio o si la vida
no me llegan a faltar.

Y si la vida me falta,
tnganl todos por cierto,
que el gaucho, hasta en el desierto
sentir en tal ocasin
tristeza en el corazn
al saber que yo estoy muerto.
Pues son mis dichas desdichas,
las de todos mis hermanos;
ellos guardarn ufanos
en su corazn mi historia;
me tendrn en su memoria
para siempre mis paisanos.

Es la memoria un gran don,
calid muy meritoria;
y aqullos que en esta historia
sospechen que les doy palo,
sepan que olvidar lo malo
tambin es tener memoria.

Mas naides se crea ofendido,
pues a ninguno incomodo;
y si canto de este modo
por encontrarlo oportuno,
NO ES PARA MAL DE NINGUNO
SINO PARA BIEN DE TODOS.
